Filosofía sin secretos
13 de diciembre de 2021
Filosofía sin secretos

En mi plan estaba barberizar el último libro de Chesterton: Para ser buen periodista; pero se me ha cruzado a última hora El secreto de la Filosofía de Eugenio d’Ors. He echado mis cuentas. 1) A Chesterton ya le hemos dedicado un barbero. 2) Como el libro del periodismo es estupendo, sobre todo para quienes nos dedicamos de una forma u otra al oficio, puedo recomendarlo sin más. La fama de Chesterton no necesita de mis pregones. Y 3) los españoles pecamos de no valorar lo nuestro. A cambio, valoramos lo bueno de fuera (véase Chesterton) y eso es estupendo. Pero d’Ors también tiene su peso y por mí no va a quedar.

El secreto de la filosofía
16,00€
Para ser buen periodista
G. K. Chesterton
12,00€

Es tan fino pensador como sólido escritor. No peca de cicatero Ferrater Mora en su magnífico prólogo, donde le rinde un lúcido tributo filosófico. Porque estamos ante uno de sus libros más filosóficos. El d’Ors más duro. Aunque no se atraganta, en absoluto. Sudar en público le parecía muy mal a Eugenio d’Ors: había que hacerlo en privado, en el estudio y en el escritorio, y llegar al libro impoluto. Lo hace y no hace sudar al lector, que eso sería todavía peor.

 

Es cierto que él entiende la realidad como resistencia. Pero no nos asustemos: en el sentido de resistencia que ofrece la red de la pista de tenis. Un obstáculo que hace más irresistible el juego. En d’Ors encontramos, además de un gran fraseo, una defensa de la ironía como método, frente al principio de contradicción, pero sin subvertir el orden. La anécdota se redime en la figura y, por tanto, también se inserta en el sistema. De derecha y de revés, de volea y del fondo de la pista, tiene un magnífico juego.

 

Como nos explicó Juan Ramón Jiménez que ocurre con los poetas, también los filósofos se cuentan por siglos. Y en Eugenio d’Ors se encuentran los toca los temas de su tiempo: el perspectivismo, el vitalismo, cierto existencialismo pletórico. Pero enfocados con una indiscutible originalidad. Hay siempre una honda valoración del trabajo y de los oficios, como en las conferencias universitarias recogidas en Aprendizaje y heroísmo.

 

Su constante ironía exige al lector que adivine cuándo habla en broma y cuándo lo hace en serio. Les daré la clave: siempre. ¿Siempre, qué? Siempre las dos cosas, como una bola con efecto. Es a la vez una lectura difícil y divertida. Y, desde luego, enriquecedora.

 

El hombre es la libertad en cuanto que ésta se halla cercada y acosada por la necesidad.

 

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Casi todo en Filosofía se logra por eliminación de fantasmas. [Frase redonda que se entiende mejor con otras más famosas de d’Ors. 1) «Entre dos explicaciones, elige la más clara; entre dos formas, la más elemental; entre dos expresiones, la más breve». 2) «Doble combate, contra dos fantasmas: en arte, lo inefable; en ciencia, lo infinito».]

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Cumple a la Filosofía hacer de vuelta los viajes que hace de ida el vivir.

 

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La Filosofía, una restaurada inocencia. [En cambio, en el mundo:] El gusto por lo inconsciente ha otorgado prima a la pureza sobre la purificación.

 

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La ironía la enseñó Sócrates y consiste en «afirmar con matiz».

 

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El diálogo es la fuente filosófica por excelencia […] diálogo hay de cualquier manera cuando el autor toma en cuenta el pensamiento ajeno y lo incorpora al propio. [En Aprendizaje y heroísmo dirá: «El Santo Diálogo, hijo de las nupcias de la Inteligencia con la Cordialidad».]

 

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Las palabras son más profundas que los conceptos. [Lo que a un poeta alegra sobremanera leer en un filósofo. Encima, pone el ejemplo de la palabra «belleza».]

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Yo soy yo contra mi circunstancia. [Nos remitimos de nuevo a la imagen del partido de tenis.]

 

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El primer deber de una filosofía que pretende incorporarse a la vida, servir para la vida, está en no ser remilgada.

 

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Cuando hablamos de forma pensamos en un cuerpo, no en un traje.

 

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La quintaesencia del pensamiento está en nombrar.

 

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Todo verdadero escritor escribe en un perpetuo neologismo.

 

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Es imposible conocer el Orden sin, a la vez, sentirlo como Belleza. Es imposible conocer el Orden sin, a la vez, apreciarlo como Bien.

 

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La superación de la antinomia entre lo absurdo y lo racional recibe el nombre de ironía.

 

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En los fenómenos de la vocación personal [destaca] el misterioso atractivo de lo futuro sobre lo presente.

 

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A veces, en cualquier investigación, la línea curva es la más corta entre dos puntos.

 

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Frente al principio de no contradicción, el principio de participación: todo es simultáneamente otra cosa. También el principio de función exigida: todo en función de algo.

 

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En la medida en que es personal es simbólica […] Y símbolo no significa aquí ficción; al contrario, implica la asunción a un existir menos abstracto, más concreto, que el de la recortada individualidad, ceñida a sus límites aparentes.

 

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El hombre es la medida de todas las cosas. Puede ser cierto. Pero la medida nada más. No su esencia ni el teatro de su existir.

 

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No hay posibilidad de conocimiento sin juego y sin trabajo.

 

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La voz es al hombre lo que a la naturaleza es la luz.

 

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Y la superior actitud en que coinciden la superación intelectual del dogmatismo, gracias al cultivo de lo irónico, y la superación práctica del egoísmo, gracias al sentido militar del saber.

 

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La presencia de la filosofía en cada cosa es sólo para que inspire y no para que estorbe.

 

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La realidad a que pretendemos obedecer la creamos nosotros. […] No hay en el universo dulzuras, pero hay azúcares.[…] La expresión es necesaria para la existencia; la existencia es a la vez necesaria para la expresión.

 

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[Propósito] Juzgar a las obras por su nimbo, por su sentido.

 

 

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