Reseñas

Todo un hombre

Editorial
Anagrama
Año de Publicación
2014
Categorías
Sinopsis

Charlie Croker es dueño de un negocio inmobiliario, ha cumplido los sesenta y tiene una segunda esposa de sólo veintiocho años. Pero la vida de este triunfador se empieza a resquebrajar cuando descubre que no puede devolver el cuantioso crédito que pidió al banco para expandir su imperio de ladrillo. Croker inicia un descenso a los infiernos en el que se cruzará con un joven idealista que soporta con estoicismo los embates de la vida y un abogado negro que ha ascendido socialmente. Tom Wolfe escruta en esta novela las grietas de una de las grandes urbes del Sur: Atlanta. Y lo que emerge es un aquelarre de conflictos raciales, corrupción de los poderes político y económico, ostentación y sexo... -Tan divertido como todo lo que ha escrito Wolfe, pero, al mismo tiempo, profunda y extrañamente conmovedor- (The New York Times Book Review). -Una obra musculosa, caldeada por su ambientación sureña... Nos fascina por su mayúscula ambición- (John Updike). -Feroz e instantáneamente adictivo... Este libro se convertirá en un buen amigo del lector- (Martin Amis).

Divertida radiografía de la ambición

Temática:
La ciudad contemporánea y sus codicias
Te gustará si te gustó:
La hoguera de las vanidades
Léelo mientras escuchas:
Oh, Atlanta (Bad Company)
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Un cóctel Old Fashioned, para ponerse a tono con la megalomanía del protagonista

El huracán que supuso La hoguera de las vanidades convirtió la segunda novela de Tom Wolfe en uno de los acontecimientos literarios más esperados de la década. La presión de las expectativas provocó un ataque al corazón, una depresión posterior y un bloqueo creativo de aúpa en el autor. Todo ello mientras una legión de haters —entre los que destacaban pesos pesados como John Updike o Norman Mailer— aguardaban, con el colmillo goteando, una debacle artística… que no sucedió. Todo un hombre fue un éxito que estuvo a la altura de su precedente, tanto en ventas como en recepción crítica. Sin ir más lejos, en The New York Times se podía leer esta alabanza XXL: «La novela contiene pasajes tan poderosos y tan bellos como cualquiera escrito no solo por los mejores novelistas estadounidenses contemporáneos, sino por los de cualquier época». La ambición de Wolfe obtuvo su recompensa. Porque el miedo a fallar con su segunda novela —tras décadas de periodismo zumbón— le hizo estar picando piedra durante once años. Bajar a la calle, observar, tomar notas, escribir. Bajar a la calle, observar desde el ángulo contrario, tomar más notas y reescribir. Todo un ingente trabajo de minería creativa puesto, de nuevo, en un artefacto literario que aspiraba a capturar toda una época.
Porque eso es Todo un hombre: una comedia humana contemporánea, un Balzac en la Atlanta post-olímpica. En este caso, la agitada colmena neoyorquina de La hoguera de las vanidades deja paso a una ciudad con los ecos problemáticos de su pasado sureño y la resaca de los fastos deportivos de 1996. En ese cosmos que viaja de la plantación al rascacielos, el centro de la novela es Charlie Croker, un empresario astuto, machote y megalómano al que se le tuercen las finanzas. Con su sarcasmo habitual, Wolfe rodea a su protagonista de una fauna de lo más variopinta: un joven e insolente deportista negro acusado de violación, una exmujer resentida obsesionada con su forma física, un alcalde corrupto que mueve los hilos de una ciudad siempre al borde de la ebullición, un abogado afroamericano al que muchos consideran un Tío Tom, o un timorato ejecutivo de banco que pretende sacar tajada de todo el guirigay monetario de Croker. Entre toda esa constelación de personajes que orbitan en torno al protagonista destaca Conrad Hensley, un humilde trabajador de una de las mil empresas de Croker, que es despedido ante la presión de los bancos. Conrad es el contrapunto clave en la novela, puesto que su viaje —físico y moral— se realiza desde el lado opuesto de la cadena alimenticia.
Porque eso retrata, al fin y al cabo, Todo un hombre: una pirámide de poder en el que la salida parece decidirse entre el comer o el ser comido. El gran tema de Wolfe vuelve a ser el engranaje del poder, tanto en su vertiente pública como en la privada. Al retratar los tejemanejes de Atlanta, la novela alumbra los cables invisibles que alimentan la política, el periodismo, los juzgados y la economía. Así, por ejemplo, el equilibrio racial de una ciudad puede depender de que Croker, vieja gloria del equipo de fútbol americano local, apadrine a Fareek Fanon, la estrella actual acusada de abuso sexual. A cambio, la ciudad aflojará la presión que los bancos ejercen sobre el imperio económico levantado por el protagonista. Así funciona todo en esta ácida segunda novela de Wolfe. Un aleteo aquí implica un terremoto allá. Wolfe ejerce, simplemente, de sismólogo.
En la esfera privada, por su parte, las dinámicas de poder que exhibe la novela atañen al barro humano del que todos estamos hechos: la hipocresía del parecer, la erótica del poder, la envidia por los logros del vecino o la llamada de la tribu. Por eso, de nuevo, Conrad Hensley se revela como un personaje esencial, porque es quien introduce en la novela una forma de ver la vida más despegada, inspirada en el estoicismo clásico. Todo un shock para el baile de máscaras, apariencias y materialismo que caracteriza a casi todos los personajes.
Sin renunciar, pues, a la altura de una historia tan ácida como minuciosa en el desvelamiento de la complejidad social y psicológica, Todo un hombre construye un relato gozoso, divertido, adictivo en muchos de sus pasajes. Cualquier lector esta monumental segunda ficción de Wolfe (800 páginas) recordará, con una carcajada maliciosa, una noche explosiva en prisión, una desternillante cena de ricachones metidos a críticos de arte contemporáneo, una incómoda muestra de hombría en un establo o una eléctrica escena situada en la sala de reuniones de un banco donde el sudor se convierte en metáfora de humillación y dominio. En esos y otros muchos momentos, la mano periodística de Wolfe brilla especialmente cuando la sátira se entremezcla con el evento memorable —a pesar de su obsesión por describir exhaustivamente los atuendos de sus caracteres, precio de cada prenda incluido—.
Todo un hombre es un libro magnífico. Una novela de sofá, de esas que cultiva el gusto folletinesco por contar, sin renunciar al comentario social o el retrato de una época. Algo que en el caso de Tom Wolfe siempre adopta el tono de un cáustico –y delicioso– ajuste de cuentas con el mundo.

Editorial
Anagrama
Año de Publicación
2014
Categorías
Sinopsis

Charlie Croker es dueño de un negocio inmobiliario, ha cumplido los sesenta y tiene una segunda esposa de sólo veintiocho años. Pero la vida de este triunfador se empieza a resquebrajar cuando descubre que no puede devolver el cuantioso crédito que pidió al banco para expandir su imperio de ladrillo. Croker inicia un descenso a los infiernos en el que se cruzará con un joven idealista que soporta con estoicismo los embates de la vida y un abogado negro que ha ascendido socialmente. Tom Wolfe escruta en esta novela las grietas de una de las grandes urbes del Sur: Atlanta. Y lo que emerge es un aquelarre de conflictos raciales, corrupción de los poderes político y económico, ostentación y sexo... -Tan divertido como todo lo que ha escrito Wolfe, pero, al mismo tiempo, profunda y extrañamente conmovedor- (The New York Times Book Review). -Una obra musculosa, caldeada por su ambientación sureña... Nos fascina por su mayúscula ambición- (John Updike). -Feroz e instantáneamente adictivo... Este libro se convertirá en un buen amigo del lector- (Martin Amis).

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