Reseñas

Tifón

Joseph Conrad
Editorial
Alianza
Año de Publicación
2008
Categorías
Sinopsis

Durante años, Joseph Conrad (1857-1924) recorrió las rutas orientales al servicio de la Marina Mercante inglesa. Estos viajes le suministraron material para muchos de sus relatos y avivaron en él el sentimiento de soledad, abandono y exilio que siempre lo acompañó. En TIFON (1902) describe la tempestad salvaje que sufre el Nan-Shan, un vapor que transporta a doscientos culíes (trabajadores indígenas) de regreso a China con sus ahorros celosamente guardados. Esto le da pie para un penetrante análisis de comportamientos humanos variados, que van desde la generosidad hasta el envilecimiento. En el capitán MacWhirr, ecuánime y con una confianza casi mística en la capacidad del hombre para imponerse a las fuerzas de la naturaleza, condensa el autor las virtudes de orden, disciplina y sentido del deber que siempre admiró.A

La tormenta perfecta

Temática:
La lucha del hombre contra una naturaleza inhóspita.
Te gustará si:
la novela de Sebastian Junger La tormenta perfecta.
Léelo mientras estás:
sentado frente a un mar ligeramente picado.
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una Biodramina.

Quien se adentre en el universo narrativo de Joseph Conrad debe saber que lo hace en un terreno complejo, repleto de sinuosidades y frecuentes ángulos sombríos. Sin embargo, es por medio de tales recursos como el escritor consigue traspasar la intangible “línea de sombra” más allá de la cual lo que no sería más que otro relato de aventuras se transmuta, por efecto de una mirada particularmente dotada para radiografiar el alma humana y de un exquisito dominio de las técnicas narrativas, en una obra de arte definitiva. La propia vida del escritor aporta un reguero de experiencias lo bastante jugosas como para servir de sustento a buena parte de las tramas surgidas de su imaginación. Nacido en una Polonia por aquel entonces ocupada por Rusia, toda su obra está escrita no en su lengua materna, sino en inglés, el idioma que empezó a utilizar en 1878, cuando con poco más de veintiún años se trasladó a Inglaterra huyendo del reclutamiento militar ruso. Ya para entonces, prematuramente cansado de la vida de estudiante, había permanecido enrolado durante una temporada como marinero a bordo del buque Mont Blanc, ocupación que debió de ser de su agrado, pues una vez conseguida la nacionalidad británica volvió a trabajar en la marina mercante hasta alcanzar el grado de capitán.

Tras abandonar la marina a los treinta y ocho años de edad, se establece en el sur de Inglaterra junto a su esposa con la intención de dedicarse en exclusiva a la creación literaria. Siguen años de altibajos, pues sus obras no siempre gozan de igual aceptación, y esta circunstancia, unida a su afición por el juego, le lleva a conocer momentos de dificultades económicas y a atravesar largos periodos de depresión. No fue Conrad, por tanto, eso que hoy llamaríamos un escritor de éxito. Quizá haya que atribuir su falta de popularidad a cierto aire fatalista que envuelve sus historias. No en vano, algunos de los personajes principales de sus novelas deben enfrentarse a un final trágico. Y, sin embargo, lo cierto es que el grueso de su creación ha sobrevivido al dictamen del tiempo, quizá –y al margen de la extraordinaria calidad de su prosa- porque Conrad acertó a vislumbrar, en la torturada psicología de sus personajes y en la inutilidad final de una gran parte de sus ímpetus aventureros, la oscura urdimbre de los tiempos que se avecinaban.

  En Tifón, pese a su brevedad, aparecen algunos de los elementos predominantes que otorgan su sello característico al conjunto de la obra de Conrad. La acción transcurre de manera casi íntegra a bordo de un vapor, el Nan-Shan, que surca los mares del sur de la China transportando a doscientos trabajadores de dicha nación asiática, los popularmente conocidos como coolies. Los personajes principales pueden reducirse a tres: el capitán, el segundo de a bordo y el jefe de máquinas, aunque sin duda es el capitán del barco, MacWhirr, el que acapara un protagonismo mayor. Por su parte, la acción volverá a desarrollar uno de esos temas tan gratos a Conrad: el enfrentamiento entre el hombre civilizado y las fuerzas desatadas de la naturaleza. Haciendo gala de un intachable sentido del equilibrio, Conrad alterna los pasajes en los que describe, con una minuciosidad casi maniática, la furia de la tormenta que a lo largo de treinta horas mantiene al vapor a merced del infierno que se ha desatado, con otros fragmentos en los que su prosa indaga en la interioridad de los personajes y en el modo en que aquello a lo que están siendo arrastrados hace aflorar facetas desconocidas de su personalidad.

En la atmósfera que va creando, previa al desencadenamiento del tifón, Conrad disemina un puñado de frases que dejan constancia de su maestría como creador de ambientes y lúcido analista de la condición humana. Así, cuando el barómetro del barco ya anuncia la inminencia del desastre que se cierne sobre el Nan-shan, el narrador nos regala esta imagen: “El barco siguió bamboleándose en aquella dirección, como una criatura exhausta encaminándose hacia la muerte”. Y unas páginas antes, había retratado al capitán MacWhirr, hombre flemático, lacónico y atento siempre a los pequeños detalles, con palabras que merecerían pedurar en el mármol: “El capitán MacWhirr había navegado por la superficie de los océanos como algunas personas surcan los años de su existencia hasta que se hunden suavemente en una plácida tumba, ignorándolo todo de la vida hasta el último momento, sin haberse visto obligadas jamás a ver todo lo que puede contener de perfidia, violencia y terror. En el mar y en tierra existen esos hombres tan afortunados, o tan desdeñados por el destino, o por el mar”.

   La épica lucha de estos hombre contra los elementos terminará por convertirse, como suele ser habitual en Conrad, en una fábula moral acerca de la indefensión y la fragilidad del ser humano, el sentido del deber y la terrible soledad que implica el ejercicio del mando. Llevados al extremo de su resistencia, cada uno de los personajes será emplazado a descubrir la verdadera sustancia de su ser. Allí, en ese entorno brutal en el que de golpe han quedado sin efecto las garantías y certidumbres propias de un ámbito civilizado, es donde los personajes de Conrad nos recuerdan que, pese a la imagen -idealizada o realista- que a lo largo de una existencia más o menos rutinaria, más o menos gris, nos hayamos fabricado de nosotros mismos, es muy probable que nuestra verdad última todavía esté por descubrir, pues, como en un momento dado de la historia asevera el narrador, “las anodinas vidas de los hombres tan entregados a la realidad de la simple existencia también tienen sus lados misteriosos”.

 

 

Editorial
Alianza
Año de Publicación
2008
Categorías
Sinopsis

Durante años, Joseph Conrad (1857-1924) recorrió las rutas orientales al servicio de la Marina Mercante inglesa. Estos viajes le suministraron material para muchos de sus relatos y avivaron en él el sentimiento de soledad, abandono y exilio que siempre lo acompañó. En TIFON (1902) describe la tempestad salvaje que sufre el Nan-Shan, un vapor que transporta a doscientos culíes (trabajadores indígenas) de regreso a China con sus ahorros celosamente guardados. Esto le da pie para un penetrante análisis de comportamientos humanos variados, que van desde la generosidad hasta el envilecimiento. En el capitán MacWhirr, ecuánime y con una confianza casi mística en la capacidad del hombre para imponerse a las fuerzas de la naturaleza, condensa el autor las virtudes de orden, disciplina y sentido del deber que siempre admiró.A

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