Reseñas

Los fabulosos Frank

Michael Frank
por:  
Beatriz Rojo
Editorial
Alianza
Año de Publicación
2017
Categorías
Sinopsis
Los fabulosos Frank narra las peripecias de Michael y su excéntrica familia, una saga de guionistas del Hollywood dorado. «Lo que siento por Mike es algo fuera de lo normal», oye casualmente Michael Frank que su tía le dice a su madre cuando él es un niño de ocho años. «Es algo más fuerte que yo. No lo puedo explicar... Lo quiero más que a la vida.» Con estas palabras oídas sin querer entramos en el fascinante mundo de los Frank. Los tíos de Michael, Hankie Frank Jr e Irving Ravetch, son unos glamourosos guionistas de Hollywood sin hijos y están doblemente emparentados: Hankie es hermana del padre de Michael, e Irving, el hermano de su madre. Las dos familias viven a poca distancia la una de la otra en el barrio de Laurel Canyon, situado en Los Ángeles. La tía Hankie, con su excéntrica personalidad, logra que todos los miembros de la familia se sometan a sus designios. Mujer de talento, temperamental y generosa en sus afectos, aleja a Michael de sus padres y de sus hermanos menores y pasa a ocuparse de su educación: le indica lo que debe leer (Proust sí, Zola no), qué pintores debe admirar (Matisse sí, Pollock no) y hasta qué estilos arquitectónicos debe preferir. La tía educa la mente y la mirada de Michael hasta que esa mirada empieza a ver por sí misma. " Los fabulosos Frank " conectará con cualquier lector que haya luchado para encontrar una voz independiente en medio de las turbulencias de la vida familiar.

Glamourosa

Temática:
Saga familiar catártica
Te gustará si te gustaron:
Los Tenenbaums de Wes Anderson
Leelo mientras escuchas: 
Naive de The Kooks
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Un té con una nube de leche y sándwiches de pepino 

Michael Frank, autor de relatos cortos y reputado crítico literario de Los Ángeles Times nos zambulle de lleno en la historia de su familia en su novela debut «Los fabulosos Frank». En su infancia Michael es el elegido por sus tíos Hankie e Irving, exitosos guionistas de la MGM, como el hijo que nunca tuvieron, sumergiéndonos en la relación fascinante y glamourosa primero, y asfixiante y enfermiza después, que se entabla entre ellos.

Todo en los Frank es especial, empezando por el parentesco que comparte esta familia judía emigrada a la meca del cine en los años 40. Su tía Harriet Frank (Hankie) es hermana de su padre Marty y está casada a su vez con su tío Irving, hermano de su madre Merona. Para rizar el rizo, las dos abuelas viven juntas en lo que familiarmente llaman «el Apartamento». Pero como suele ocurrir en la vida real, en este conjunto familiar, algunos de sus miembros son considerados de primera categoría y otros de segunda. Para nadie es una sorpresa el tipo de relación tan estrecha que suelen tener los judíos emigrados entre ellos, pero en este caso el vínculo se exagera aún más, en lo que podría calificarse como círculo endogámico y opresivo gobernado con mano de hierro por la pareja de guionistas.

La acción se sitúa  en la década de los 70 en el bohemio barrio de Laurel Canyon de Los Ángeles, refugio de músicos y artistas, alejado de las grandes mansiones de Bel Air. Hollywood es el escenario para un relato donde la delgadísima línea entre fantasía y realidad se desdibuja con traicionera simplicidad. 

En el corazón de todo, emerge la figura de la tía Hankie. Tan fascinante como déspota, tan glamourosa como tóxica, tan excéntrica como absorbente… Con su incontestable presencia -mujer corpulenta de cabellos de fuego y ataviada como cualquiera de las estrellas de la época dorada del cine- Harriet Frank moldea a su sobrino a su imagen y semejanza. Unas atenciones que son recibidas con entusiasmo por el elegido, que es adoctrinado sobre qué películas ver (Truffaut sí, Welles no), a qué artistas admirar (Matisse sí, Picasso no) o quién está dentro de la flor y nata de la literatura, como Proust, frente a Zola, al que no hay que prestar atención. A sus 9 años, el autor, deslumbrado por tantas atenciones y enseñanzas, no puede si no repetir como un papagayo las opiniones y dogmas de su idolatrada pariente.

Un personaje fascinante a quien se ha intentado comparar con otra célebre tía de las letras americanas, la Tía Mame de Patrick Dennis, aunque al pasar las páginas descubrimos que en la historia que estamos por descubrir no todo es purpurina y diversión.

«Lo que siento por Mike es algo fuera de lo normal, algo más fuerte que yo, no lo puedo explicar, lo quiero más que a la vida…» estas palabras escuchadas a hurtadillas por el autor de la boca de su tía, le hicieron sentirse el niño más afortunado del mundo, él, Michael, era un «fabuloso» Frank mimado y obsequiado por sus cultos y exquisitos familiares.

Al acabar sus clases Michael espera impaciente el sonido del flamante Buick Rivera entrando a recogerle para acompañar a su tía en sus fascinantes aventuras. Expediciones a elegantes anticuarios en búsqueda de tesoros «comme il faut» (nunca «moderne»), visitas a la casa de sus abuelas para presenciar el «Rito de la Mañana» entre su tía y su abuela y al que sólo unos pocos elegidos están invitados, pantagruélicas meriendas a base de sandwiches de pepino  y scones en la fabulosa mansión estilo Regencia de sus tíos… «Crear belleza en todo momento», ese será  el mantra que se le inculcará a Mike desde pequeño, porque Michael, según su tía, tiene “el ojo del buen gusto, el talento del artista”.

Poco a poco la fascinación ejercida por sus tíos da paso a la angustia. Las primeras señales de alarma se manifiestan en forma de dolorosisimos espasmos en el estómago. Episodios traumáticos que se alternan con el acoso del que es víctima en la escuela. El niño lo aguanta con estoicismo y resignación pues es parte de ser un Fabuloso Frank. «¿No querrás ser normal, no Michael?, en esta vida no hay nada peor que encajar», asegura el autor que le recordaba machaconamente su tía.

La situación se ve agravada por el  comportamiento errático y controlador de su tía tras la muerte de la abuela Harriet, también guionista y con quien la protagonista mantenía una relación obsesiva y enfermiza. Es entonces cuando Hankie necesita cada vez más doblegar a sus familiares bajo los dictados de su voluntad, tratando a toda costa de separar a Michael de sus verdaderos padres y hermanos.

Y es este también el punto de inflexión para Michael, que  por primera vez empieza a darse cuenta del lado oscuro de sus tíos. Cuando se rebela ante ellos y rechaza participar en algunas de las actividades que le proponen es amenazado y castigado con duras palabras y acusaciones, pero Michael persiste y se niega a ayudar en la decoración navideña, lo que acarrea la cancelación total de las Navidades para toda la familia. Ya no sólo es Michael el castigado, lo son también sus padres y hermanos. El dúo simbiótico formado por Irving y Harriet no acepta un no por respuesta.

Encantador pero pasivo encontramos a su tío Irving, que ejerce de mediador en los conflictos familiares aunque siempre con las lealtades del lado de su mujer. En este escenario al autor le parecía «perfectamente lógico que sus tíos vivieran entre preciosos objetos sacados de sus películas y que sus conversaciones se desarrollaran como en cualquiera de sus guiones en una relación artificial, como sacada de cualquiera de los platós de la MGM.

«Todo el mundo actuaba todo el tiempo», reflexiona Frank al narrar cómo vivieron en su familia el cáncer que mató a su abuela, «todos fingían que no pasaba nada», los Frank son fabulosos, no se ponen enfermos, «demasiados libros leídos, demasiadas películas vistas (o concebidas, o creadas)».

No será hasta bien entrada su juventud cuando Michael decidirá cortar por lo sano este vínculo insano buscando refugio a miles de kilómetros de su casa.  Ni siquiera así conseguirá del todo librarse del yugo opresivo de su tía, que llegará a presentarse en París para exigir a sus sobrinos que interrumpan sus vacaciones para acompañarla inmediatamente a Londres. A ojos de Michael su tía está fuera de control y muestra claras evidencias de desequilibrio mental. En opinión de sus tíos él es el responsable de todo lo que les ocurre, su falta de agradecimiento se ha convertido en su mayor decepción.

En contra de lo que cabría pensar lo narrado en el libro no se trata de una venganza. Hay risas, y sarcasmo, nostalgia y admiración. A lo largo de toda el relato el autor no es capaz  de librarse del sentimiento de culpa o dejar de anhelar los preciosos momentos vividos en su infancia junto a sus tíos. 400 páginas en las que recuerda su vida con objetividad clínica, sin atisbo de rencor. Como una simple catarsis hacía la madurez en la que a veces involuntariamente uno no pueda evitar que aflore el dolor de todo lo ocurrido.

Con el paso del tiempo Michael Frank ha llegado a comprender el por qué del absorbente y tiránico comportamiento de su tía, y no es otro que el miedo, miedo a no ser el centro de atención, miedo a no tener hijos, miedo a perder el control, a perder el control de la decoración, de la conversación, de la comida, de los momentos, de quedarse al margen de las relaciones entre sus conocidos (a los que jamás mezclaba)… miedo, miedo, miedo.

Por cierto, la tía del autor sigue viva. Frank se niega a contarnos qué le ha parecido el libro, lo reserva para una segunda parte que ya está escribiendo. De momento podemos consolarnos con la miniserie basada en la obra que ya  preparan en los grandes estudios de Hollywood.

 

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