Reseñas

La librería del señor Livingstone

Mónica Gutiérrez
por:  
Beatriz Rojo
Editorial
B. Editorial
Año de Publicación
2017
Categorías
Sinopsis
La librería del señor Livingstone: una historia para todos aquellos que han sentido alguna vez que la literatura les salvaba. Agnes Martí es una arqueóloga en paro que se ha mudado a Londres en busca de una oportunidad laboral. Una tarde, desanimada y triste por su poco éxito profesional, tropieza en el corazón del barrio del Temple con el pomo de una puerta en forma de pluma, el sonido de unas lúgubres campanillas y el hermoso rótulo azul de Moonlight Books. La librería, regentada con encantador ceño fruncido por Edward Livingstone, debe su nombre a un espectacular techo de cristal que permite contemplar la luna y las estrellas en las noches despejadas. Intrigada por la personalidad y el sentido del humor del señor Livingstone, Agnes decide aceptar la oferta de convertirse en ayudante del librero mientras continúa su búsqueda de trabajo. El té de la tarde en el rincón de los románticos, las visitas de Mr. Magoo, las conversaciones con la bella editora de Edward, las cenas junto a la chimenea del Darkness and Shadow y la buena lectura convencerán a Agnes de que la felicidad está en los pequeños detalles cotidianos. Pero aunque Moonlight Books podría parecer un oasis de paz en el acelerado Londres, las extrañas campanillas de su puerta daran paso a los sucesos más inesperados: una noche de tormenta, el inspector John Lockwood...Una comedia muy feelgood, con un toque Wodehouse irresistible. Un homenaje de la autora a sus libros y escritores favoritos."—¿Qué está leyendo? —Agnes le mostró la cubierta de "Por no mencionar al perro", de Connie Willis. —Primero habrá leído la novela de Jerome.—Tal y como usted me recomendó.—Buena chica —El señor Livingstone consultó su reloj de bolsillo y decidió dar la tarde por concluida—. Parece que hoy no vamos a vender más libros. Los londinenses creen en una leyenda no escrita que asegura que es mucho más divertido concentrar todas las compras en la hora anterior al cierre de la librería, el 24 de diciembre. ¿Por qué no aprovecha y va a esa exposición en la Tate, de Turner y sus malditas ruinas griegas, por la que suspiraba ayer?—¿No le importa que me marche antes? —se animó con la propuesta.El señor Livingstone miró significativamente su pipa y su precioso libro ilustrado y la observó por encima de las gafas sin montura.—Podré con el estrés.—¿Por qué no me acompaña?—Los ingleses no vamos a exposiciones de Turner, preferimos otras actividades más ennoblecedoras como la caza del zorro o el críquet —bromeó el librero—. Pero ahora que menciono al pintor, me recuerda que si quiere seguir sentándose en estos sillones y mantener intacto su honor, debe leer esto..." ¿Puede una pequeña librería de Londres cambiar una vida?

Temática:
Metaliteratura inglesa
Te gustará sí te gustó:
El despertar de la señorita Prim 
Acompáñalo con:
Una taza de Earl Grey con scones

Recuerdo con especial cariño unas navidades que pasé en Nueva York, -no me digáis que no, aunque pueda parecer un cliché, es el sueño de todo español de clase media-, paseos por Central Park, contemplar admirada los escaparates de Bergdoorf Goodman, descubrir por primera vez la FAO Swartz, el Empire State, el edificio Chrysler o los deliciosos perritos que venden en esos carritos apestosos que inundan Manhattan… Todo en Nueva York es como se ve en las películas, hasta los copos de nieve cuando visitas el Rockefeller Center parecen parte del atrezzo de la película de nuestras vidas. Si ya hablamos de dulces, no he vuelto a probar pasteles y tartas y batidos y cookies como los que degusté aquella primera vez en Serendipity; las tres horas de cola de entrada se me hicieron cortas en relación al placer que allí experimenté. 

En estos tiempos de pandemia y confinamiento, tristeza y enfado generalizado, mi mente pedía a gritos volver a tener esa sensación de que nada malo te puede pasar bajo la nieve de Nueva York. Busqué en mi biblioteca: Gabriel García Marquez, André Marois, mucha novela negra, Tolstoi, Pérez Galdós, Trifulca a la vista, Wodehouse o Jardiel Poncela. Del drama a la comedia nada satisfacía mis expectativas literarias. Necesitaba algo que me hiciera sentir realmente bien, sin implicaciones ni ínfulas, sin sátira ni un ápice de ironía. 

En mi periplo descubrí que existe un género ad hoc llamado feelgood y pensé que era exactamente eso lo que necesitaba mi ánimo feelregulero. Lo encontré en Moonlight Books, en Londres EC44 bajo el título de La librería del señor Livingstone. Una vez que entras en la encantadora librería londinense ya no quieres salir más porque allí te están esperando Tennyson y Dickens, E. M. Forster, Conan Doyle, Shakespeare, Chesterton,  Graham Greene, Oscar Wilde, C. S. Lewis y todos los que merecen un podio en la literatura universal. 

La trama es lo de menos, Agnes Martí, una arqueóloga española emigrada a Londres con la esperanza de trabajar en el British Museum debe encontrar una manera de mantenerse si no quiere verse de vuelta con las maletas en casa de sus padres. 

Como por arte de magia la librería del señor Livingstone se pone en su camino para devolverle la esperanza y las ganas de comerse el mundo y como a ella, a nosotros nos pasa igual. Una galería de personajes que se convierten automáticamente en tus mejores amigos, acompañan a Agnes en su descubrimiento personal: un librero tan tierno como misógino, un niño superdotado a quien sus padres, demasiado ocupados para molestarse en conocerle, abandonan cada tarde en la librería, un escritor errante, un sastre que es la personificación del gentleman británico, una bohemia editora… te envuelven en el buenrrollismo que promete el género. De golpe y porrazo he recordado lo mucho que me gusta vagar por las calles en invierno con una bolsa de castañas asadas, pasar un domingo de lluvia leyendo bajo una manta o cómo los buenos amigos pueden sacarte una sonrisa en un momento en el que lo creías imposible. 

Aunque la historia de amor no es ni mucho menos el eje central de la novela ¿Cómo hacerle ascos a esa emoción de las primeras citas? 

 

Igual que en la tierra de Shakespeare, estar enamorado es algo que sólo admite términos absolutos: o lo estás, o no lo estás, y eso es precisamente lo que le pasa a nuestra protagonista cuando conoce a John Lockwood, un agente de Scotland Yard, que entra en la librería en busca de un incunable robado y encuentra el amor en nuestra arqueóloga descalza. 

 

“El amor, como la tos, no puede disimularse” 

 

dice en un momento dado el librero cuyo desencanto con la condición humana no impide que sea demasiado mayor como para no dejar aflorar su inmensa ternura hacia las personas que quiere. 

Todo es posible en esta librería plagada de citas literarias imposibles de no subrayar y que terminan por conducirte como una guía maravillosa al mejor almanaque literario que pueda imaginarse. Como anglófila confesa no he podido evitar esbozar una sonrisa al descubrir algunas de las leyes absurdas que han permanecido en el Código penal inglés, como que es ilegal morir en el parlamento, que está prohibido tomar un taxi si tienes la peste, o que es legal matar a un escocés dentro de las murallas del castillo, aunque sólo si éste va armado con arco y flechas. Imbatible el supuesto que contempla la posibilidad de que si apareciera una ballena muerta en las costas británicas su cabeza pertenecería al rey, y la cola a la reina,- sólo en caso de que ésta necesitara varillas para su corsé-. Y caigo en la cuenta de que la autora, – a ratos no sabes si estás leyendo a Dickens, a Shakespeare o a Mónica Gutiérrez,- cumple con lo prometido y que en sus libros las protagonistas jamás comerán acelgas. Empiezas y terminas con una sonrisa en los labios y entonces recuerdas que “la despedida es un dolor tan dulce que estarías diciendo buenas noches hasta el amanecer”. 

 

f
1942 Amsterdam Ave NY (212) 862-3680 chapterone@qodeinteractive.com
[contact-form-7 404 "No encontrado"]
Free shipping
for orders over 50%