Reseñas

La filosofía del vino

Bela Hamvas
Editorial
Acantilado
Año de Publicación
2014
Categorías
Sinopsis
Panfleto contra los puritanos de todo pelaje (tanto ateos como pietistas), La filosofía del vino es también un entusiasta canto a la vida, en el que el lector descubrirá la relación entre beber y vivir bien. Un texto lleno de humor que nos enseña que -la ebriedad no es otra cosa que la forma superior de sobriedad, de vida iluminada-.

Beber para ver

Temática:
Pequeño ensayo en contra del puritanismo y a favor de los sentidos
Te gustará sí:
Piensas que lo único mejor que una sobremesa es lo que viene antes
Dónde leerlo:
En la sospecha de que estar vivo no es lo peor que le puede pasar a uno
Acompáñalo de:
Más claro, vino

Dentro del departamento, Nam era el encargado de amortiguar la llegada de los profesores españoles a Seúl. Supongo que lo eligieron porque era abierto, boquiflojo, cálido y desorganizado, y eso, pensarían con acierto, le hacía congeniar con nosotros. Con el propósito de instruirme en ciertos protocolos, quedamos para tomar una cerveza antes de la cena de bienvenida. Me ilustró sobre cómo debía comportarme, dónde sentarme… pero su interés principal era advertirme sobre el profesor Mum. Cuidado con él, me dijo, que no bebe. Me desconcertó porque en un principio ser abstemio no implica ser ruin.

Llegamos al restaurante y el profesor Mum me saludó a la occidental, aunque con una mano fláccida, gelatinosa y fría como una rana. Luego pidió una botella de agua de y cada vez que tomaba la palabra hablaba con el tono del que levanta primero la mano en el turno de preguntas de las conferencias. De plato principal pidió, con muchas especificaciones, algo que mi desconocimiento del coreano me veló y que después resultaron ser dos filetes de pollo requemados. Dio cuenta de ellos a pequeños bocados, seguidos de masticaciones inexplicablemente largas. Al final insistieron en ponerle un vasito de soju que, tras el brindis, dejó sobre le mesa sin mojarse siquiera los labios. Nam me guiñaba y yo entendía. El profesor Mum estaba muerto, y a un muerto nunca se le debe dar la espalda.

Si no fuera porque enviar un paquete a Seúl te descalabra el mes, le mandaría a Mum, para chincharle, La filosofía del vino de Béla Hamvas. Además, como es un libro al que no le sobra una línea, a poco que lo hojeara se sentiría denunciado. El librito del escritor húngaro es una reivindicación embriagada, viva, carnal y sensitiva del incomprendido quehacer de estar en el mundo. Porque vale que esto es un valle de lágrimas y todo tiene un regusto a ceniza; pero entre que llega y no la ceniza, hay cosas que merecen ser hechas, vistas, tocadas, bebidas. Y salvo que uno esté muerto y vaya por la vida simulando estar vivo, es difícil repudiar el mundo y un desprecio no refrescarse la cara en él.

La filosofía del vino es un sermón dionisiaco que, encendido, achispado, se lanza contra los puritanos de toda índole, contra todos esos “idiotas de corazón” que creen haber hallado la única manera de vivir. Y no solo de vivir ellos, que si así fuera, mira, que desfilen y se las averigüen, sino la única manera de vivir también para sus semejantes. Son pobres iluminados que, siguiendo la órbita de una Idea, no están en el mundo, sino que dan vueltas alrededor de él. Son lunáticos. Y claro que no todo el que ni beba ni banquetee ni baile ha de ser un puritano, pero es un buen indicador, como bien sabía el profesor Nam.

Junto al puritano, Hamvas señala al cientificista, otra especie de muerto, aunque en este caso más tontorrón e inofensivo. Dice de él “que no conoce el amor, sino el instinto sexual; no trabaja, sino que produce; no se alimenta, sino que consume”. Son tan rectangulares que caben en todas las gráficas, en cada uno de esos ataúdes porcentuales. Creen que vivirían rígidos y engurruñados si no fuera por su fisioterapeuta. Y si toman un vaso de vino, será porque así se lo manda su nutricionista, que les ha dicho que es bueno para su sanísimo e inútil corazón.

Supongo que usted no es ni un puritano ni un cientificista, en parte porque nadie cree serlo. En cualquier caso, para conjurar la posibilidad –si es que quiere conjurarla, que tal vez no y bien estaría–, lo mejor sería que se dedicara a degustar el mundo con cada uno de los sentidos. Y por degustar no se entiende probar un poquito de cada cosa con cara de experto y chasquidos de la lengua, sino apurar hasta el fondo, hasta hipar. Si el médico le ha recomendado una copa de vino como mucho, brinde por él en la segunda, por mí en la tercera y por Hamvas en la cuarta. Luego siga hasta que empiece a ser censurable. Es el buen camino, continúe. Y después, en el retroceso de la resaca, no venga con arrepentimientos, y o bien lo lleva como Dios manda o bien lo retoma donde ayer lo dejó.

Editorial
Acantilado
Año de Publicación
2014
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Panfleto contra los puritanos de todo pelaje (tanto ateos como pietistas), La filosofía del vino es también un entusiasta canto a la vida, en el que el lector descubrirá la relación entre beber y vivir bien. Un texto lleno de humor que nos enseña que -la ebriedad no es otra cosa que la forma superior de sobriedad, de vida iluminada-.
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