Reseñas

La encrucijada del roble

Elizabeth Crook
por:  
Isabel Lozano
Editorial
Siruela
Año de Publicación
2019
Categorías
Sinopsis
UN WESTERN DE LEYENDA: Dos hermanos y un predicador, un forajido y un soldado confederado... Y la pantera más sanguinaria del territorio de Texas. La encrucijada del roble hunde sus raíces tanto en las tragedias de la América más salvaje como en las narraciones picarescas de Mark Twain-.

Un western 2.0

Temática:
Aventuras con tintes de western
Dónde leerlo:
En una casita encima de un árbol
Acompáñalo de:
Café con herradura y frijoles

Cuando uno de los hijos de Elizabeth Crook tenía catorce años, se perdió con un amigo en los cañones del Condado de Bandera, en el centro de Texas. Tardaron bastantes horas en aparecer, en el fondo de una estrecha garganta. Según le dijo a la madre el ayudante del sheriff que dirigía el rescate, un puma o león de montaña ─quizás hambriento, o quizás meramente curioso─ tenía puestos sus ojos en los dos chicos cuando los encontraron. Años después, aquella historia, que acabó bien, inspiraría a Crook una novela que transcurre en la misma zona, pero más de un siglo antes, en 1866.

Mientras el juez Edward H. Carlton investiga varios asesinatos cometidos en el crepúsculo de la Guerra de Secesión, tropieza con una historia curiosa con tres protagonistas. El primero es el narrador, Benjamin Shreve, que hace avanzar la historia a través de sus testimonios dirigidos al juez. El segundo es su hermanastra, Samantha, una muchacha mulata “capaz de hablarte hasta que se te caigan las orejas”. Y el tercero no es humano: es el Demonio de Dos Dedos, un gigantesco puma que mata a la madre de Samantha y marca la cara de la joven de forma indeleble. 

La cara, sí, y también la mente, porque la joven Sam se obsesiona con el felino y se propone, inasequible al desaliento, matarlo con sus propias manos para vengar a su madre. En su partida de caza le acompañaran, además del sufrido Benjamin, un bandido mexicano, un oscuro veterano de la Confederación y un predicador que posee un perro especializado en el rastreo de pumas.

El mérito más visible de este soberbio western es la singular voz del narrador, en la que no es difícil ver ecos de los personajes de Mark Twain o de la protagonista de Valor de ley, de Charles Portis, aunque la autora dice que la influencia principal fue el diario de un joven texano de mediados del XIX. Benjamin, que tiene 17 años cuando cuenta la historia, escribe sus cartas en un tono sincero y divertido, lleno de sentido común y de sentido del asombro. Muy distinto de su hermanastra, sabe poner un necesario toque sanchopancesco a la loca historia de la caza de la pantera.

El resultado es una novela sabrosa, llena de acción, atmósfera y personajes creíbles, llena de las mejores virtudes de las novelas clásicas del Oeste, pasadas por la lente de la narrativa actual.

El manuscrito de esta novela, antes incluso de su publicación, acabó en manos del actor Robert Duvall, quien ha adquirido los derechos para llevarlo al cine. No tengo dudas de que con este material puede salir un western redondo. De momento, la única forma de seguir la pista del Diablo de Dos Dedos es a través de las páginas de este libro.

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