Reseñas

La balada del café triste

Carson McCullers
Editorial
Seix Barral
Año de Publicación
2017
Categorías
Sinopsis
Los relatos más significativos de la singular y sutil narrativa de Carson McCullers, que han accedido ya a la consideración de clásicos de la moderna literatura norteamericana. Prólogo de Paulina Flores.

Los libros venenosos

Temática
La historia de un amor extravagante
Te gustará si te gustó:
La literatura del “Profundo Sur” norteamericano
Dónde leerlo:
Sentado a la sombra de un porche
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Un vaso de bourbon

Con tan sólo cinco novelas a lo largo de su trayectoria literaria, la escritora estadounidense Carson McCullers logró forjar un espacio narrativo de una densidad tan fascinante como por momentos opresiva. Un somero repaso a la biografía de la autora, fallecida en 1967, recién llegada a la cincuentena, tras años de enfermedades respiratorias y el arrastre de un buen nutrido cupo de padecimientos emocionales, nos sitúa en la pista para acceder al corazón de un universo muy tempranamente oscurecido por la sombra de la soledad y el dolor. Al mismo tiempo, su talento incuestionable para insuflar un hálito poético en el nervio de unas historias donde no siempre resulta sencillo discernir los límites entre lo ridículo y lo sublime, confieren a esta escritora nacida en Columbus (Georgia) un perfil singular en el contexto de eso que los críticos han llamado “El profundo Sur” norteamericano.
No es descartable que dicha adscripción geográfica haya contribuido a realzar una obra que, de haber surgido en un entorno más aislado, quizá no hubiera alcanzado las cotas de notoriedad de las que ha venido disfrutando hasta nuestros días. Sea como fuere, el hecho es que el nombre de McCullers, en tanto inserto en la corriente generacional del Gótico sureño, quedó en adelante vinculado a una nómina ilustre de escritores entre los que resulta ineludible citar a Flannery O’Connor, Truman Capote o Tennessee Williams, todo ellos crecidos artísticamente a la sombra del padre tutelar William Faulkner.
Desde su debut en 1940 con El corazón es un cazador solitario, a la temprana edad de veintitrés años, Carson McCullers acreditó una aguda sensibilidad para extraer de los temas que en adelante se erigirían en el centro de sus obsesiones una materia narrativa de alto nivel literario. En sus personajes habita de manera permanente el drama del aislamiento humano y el amor no correspondido. Son seres a la deriva en busca de un anclaje emocional que les redima de su crónica inadaptación al mundo. Y la mayor parte de las veces, cuando creen haber encontrado un asidero que provea de estabilidad y sentido a sus vidas, resulta que éste acaba por arrastrarles a un abismo más hondo que aquél en el que se encontraban.
Una síntesis idónea de esta desolada visión de la existencia es posible encontrarla en La balada del café triste. En las páginas de esta breve novela se condensan los rasgos esenciales de una concepción de las relaciones humanas presidida por la dramática imposibilidad de una comunicación plena. Pero no debe extraerse de lo referido hasta este punto que nos hallamos en un entorno de seres inocentes enfrentados a las frustraciones consustanciales a su propia naturaleza. Buena parte de ellos aparecen marcados por alguna tara, física o psicológica, que, en un plano moral, actúa como símbolo de una desviación más profunda e irremediable.
La balada es la historia del amor de la protagonista, miss Amelia, “una mujer morena, alta, con una musculatura y una osamenta de hombre”, hacia el primo Lymon, el pequeño jorobado que aparece una noche a la puerta de su casa asegurando ser un familiar lejano. En apenas unos días, ante la curiosidad y el asombro de los vecinos que frecuentan la casa de miss Amelia -muy pronto transformada en café por iniciativa del jorobado- el insólito personaje se convierte en el centro de interés de todos los que acuden a conocerlo. Su personalidad irradia un poderoso carisma. Con su sola presencia, el ánimo de los parroquianos se exalta. Este singular fenómeno es descrito por el narrador en los siguientes términos: “Existe un tipo de personas que tienen algo que las distingue de los mortales corrientes; son personas que poseen ese instinto que solamente puede darse en los niños muy pequeños, el instinto de establecer un contacto inmediato y vital entre ellos y el resto del mundo. El jorobado era, sin duda alguna, de este tipo de seres. No llevaba en el almacén más de media hora, y ya se había establecido un contacto entre él y cada uno de los hombres”.
Consciente del hechizo que ejerce sobre quienes le rodean, el jorobado utilizará su peculiar magnetismo para adueñarse de la voluntad de miss Amelia. En realidad, no tendrá que hacer nada especial, aparte de ser él mismo. Porque de acuerdo a la teoría amorosa que sustenta la lógica de la historia, desde el instante mismo de su aparición en escena el primo Lymon se hallaba destinado a convertirse en el objeto de veneración que el corazón de miss Amelia aguardaba para volcar sobre él todo el afecto acumulado durante lustros de árida y monótona existencia. “La persona más mediocre –apunta en una de sus digresiones el narrador- puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas”. La comparación con los lirios venenosos constituye en este punto algo más que un recurso literario. Alude al otro misterio que, al margen del amor no correspondido, vertebra la novela, y que no es otro que el mal. En efecto, la presencia del mal aletea en todo momento sobre las páginas de la novela, inicialmente a través de la figura del jorobado (“Era un ser maligno –nos previene el narrador-: disfrutaba con las emociones fuertes y se las componía para enzarzar a la gente sin decir una palabra, de manera asombrosa”) y, más adelante, mediante la inesperada irrupción de otro personaje que, años atrás, había experimentado hacia miss Amelia la misma pasión rendida y sin concesiones que ahora siente ella por el jorobado.
Como resulta fácil deducir, la historia es pródiga en elementos grotescos que, junto a la deliberada sencillez de la sintaxis empleada y la asombrosa plasticidad de unas descripciones tan concisas como en última instancia eficaces, emparentan la obra con el universo de las narraciones infantiles. Hay referencias directas a los lectores (“Ya habéis echado un vistazo a lo que fueron aquellos cuatro años”) que nos hacen evocar los recursos propios de la tradición oral. Pero el fondo de la historia es amargo, de una tristeza casi lúgubre atravesada no obstante por una belleza lisiada y un lirismo extrañamente conmovedor. Apela al fondo de nuestras esperanzas rotas y nuestros sueños arrasados. Y lo hace con esa mezcla de gozo y melancolía con que, en la escena que cierra la novela, cuando ya el terrible desenlace nos ha revelado en toda su hondura la índole trágica del personaje de miss Amelia, doce presos encadenados entonan mientras trabajan en mitad de un calor asfixiante una balada que, al igual que la historia que se nos acaba de referir, “estremece de éxtasis y temor a quien la escucha”.

Editorial
Seix Barral
Año de Publicación
2017
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Sinopsis
Los relatos más significativos de la singular y sutil narrativa de Carson McCullers, que han accedido ya a la consideración de clásicos de la moderna literatura norteamericana. Prólogo de Paulina Flores.
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