Reseñas

Fedra

Jean Racine
Editorial
Rialp Editorial
Año de Publicación
2017
Categorías
Sinopsis
Fedra percibe su inclinación por su hijastro, Hipólito, pero la combate. Al ser informada equivocadamente de que Teseo, su marido, ha muerto, confiesa su amor a un horrorizado Hipólito. Este huye, pues su verdadero amor es Aricia. Y ahí se desencadena la tragedia, ya narrada en el Hipólito de Eurípides y también por Séneca.

Amores y tragedias del Mundo Clásico

Temática:
Mitología contemporánea
Te gustará sí:
Te preguntas sobre el pasado y el devenir del tiempo
Dónde leerlo:
En una terraza con vistas a Cibeles
Acompáñalo de:
Cerezas heladas

Todavía pervive, entre los especialistas, un debate que la opinión pública ha olvidado. Se trata de la posibilidad de la tragedia en el mundo de hoy. Hay pensadores que sostienen que no se dan las condiciones necesarias para que alguien osado se decida a emular a Esquilo; otros, por su parte, afirman que constituye una forma de expresión imperecedera que podría servir como vehículo para mostrar las injusticias que padecemos. O sea, como género político, algo que, sinceramente, hubiera escandalizado a uno de los más tempranos teóricos de la literatura. Me refiero a Aristóteles.

Si atendemos a las explicaciones de George Steiner, que escribió un libro importantísimo –La muerte de la tragedia; creo que sobra decir en qué bando se situaba-, Racine es uno de los últimos representantes de esa forma de arte catártico. Ahora bien, para que la tragedia tenga sentido no hace falta suscribir el paganismo, ni creer, como es obvio, que Teseo mató al Minotauro. Lo que sí se precisa es estar dotado de sensibilidad espiritual y, en su polémico ensayo, comentaba Steiner que era eso lo que había desaparecido. Así, si no tiene sentido representar Las bacantes sin saber mitología, lo que es imposible es escribir con esa altura en un mundo vacío o secularizado.

Fedra tiene una factura clásica y hace referencia a un tema que arraiga en ese universo de leyendas que transmiten quiénes somos. La protagonista es esposa de Teseo y está locamente enamorada de Hipólito, el hijo de Teseo y Antíope. En el momento en que le llega la noticia de que su esposo ha muerto, la apasionada Fedra, instigada por Enona, su nodriza y confidente, le confiesa su amor. La tragedia se desencadena cuando llega la noticia de que Teseo no ha muerto y este regresa.

Hay que librarse de leer la obra de un modo estrábico. Por un lado, debemos evitar hacerlo con las anteojeras de nuestro puritanismo y desprendiéndonos antes del mazo justiciero. De otro modo, puede que miremos en la dirección equivocada. La tragedia no muestra la maldad de Fedra o la inocencia de Hipólito, su prístina bondad. Tampoco es un melodrama ni se centra en el lío amoroso o los celos. No es ese el objetivo principal. Su pretensión -y Racine conocía perfectamente la tradición clásica- es ilustrar cuáles son las secuelas de la hybris y producir nuestra catarsis. Con el amor de Fedra aprendemos a dónde conduce una pasión desatada; con Hipólito, la grandeza de la honestidad; con Teseo, el arrepentimiento; con Enona, la murmuración y maledicencia. En definitiva, Fedra tiene un mensaje espiritual y una finalidad transformadora.

Por desgracia, hemos perdido la complejidad moral en nuestra cultura y tal vez esa sea una de las consecuencias más perjudiciales deparadas por el relativismo, esa enfermedad que extrañamente convive con su mímesis, la intransigencia. Sabíamos que leer a los clásicos era una manera de inmunizarnos frente a esas amenazas y acercarse a Fedra solo confirma nuestra opinión. Es una obra maestra por su sublimidad, por su tono, por su elevación, por su estilo y por la huella imborrable que deja en quien la lee sin perjuicios y se implica en esa catarsis o transformación.

Editorial
Rialp Editorial
Año de Publicación
2017
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Sinopsis
Fedra percibe su inclinación por su hijastro, Hipólito, pero la combate. Al ser informada equivocadamente de que Teseo, su marido, ha muerto, confiesa su amor a un horrorizado Hipólito. Este huye, pues su verdadero amor es Aricia. Y ahí se desencadena la tragedia, ya narrada en el Hipólito de Eurípides y también por Séneca.
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