Reseñas

El regreso de Casanova

Arthur Schnitzler
Editorial
Alianza
Año de Publicación
2021
Categorías
Sinopsis
«El hecho de que aquellos ojos no mostraran el menor indicio del fulgor que tantas veces había percibido al conocer a alguien, cuando gozaba aún del deslumbrante esplendor de la juventud o de la intrépida gallardía de la madurez, era algo que Casanova había aprendido a aceptar hacía mucho.» Con todo, en El regreso de Casanova -publicada por Arthur Schnitzler (1862-1931) en 1917- el célebre libertino veneciano, ya en el otoño de su existencia, encuentra un estimulante desafío en la figura de la joven, fría e inteligente Marcolina. Encabritado por su indiferencia, refractario a aceptar lo impensable, el chevalier de Seingalt arma un ardid que, al mismo tiempo que le dará a probar la felicidad, lo embarcará en la jornada en que se verá alejado irremediablemente de la plenitud de la vida.

El ocaso del vividor

Temática:
La vejez de Giacomo Casanova
Te gustará si:
Crees que la vejez es mala hasta cuando es buena
Cuándo leerlo:
En la juventud, para que no te afecte demasiado
Acompáñalo de:
Un racimo de uvas a punto de echarse a perder

Tanto en el habla común como para el botón derecho del Word, “casanova” y “donjuán” son palabras sinónimas. Aunque una remita a un aventurero italiano del XVIII y la otra a un símbolo de la literatura universal surgido en el teatro español, ambas sirven para designar a un seductor de mujeres. Y si bien es cierto en los dos casos, eso no implica que sean reemplazables, entre otras cosas porque sus acciones se parecen más en las consecuencias que en las causas. Pasa igual con el verdugo y el mercenario. A bulto parece que ambos tuvieran un mismo objetivo –matar semejantes por dinero–, pero basta rascar un poco para darse cuenta de que las motivaciones brotan de fuentes distintas.

Lo aclara Stefan Zweig en Tres poetas de sus vidas. A Don Juan lo impele una fuerza luciferina; un odio a lo femenino y el consiguiente deseo por mancillar, deshonrar y profanar; un ánimo tan pecador como suele puede darse en un pecho católico. Giacomo Casanova, en cambio, solo es movido por el placer, lo que no tiene nada de diabólico; el placer propio por supuesto, pero sobre todo el ajeno; su ánimo es siempre sensitivo, voluptuoso y atlético; ateo, sí, pero como ateo puede ser un animal. Así, por ejemplo, si Don Juan sedujera a una religiosa, lo haría con especial gusto por el voto que ha de remangarse. A Casanova la castidad consagrada le daría bastante igual; es mujer y con eso basta. Y al final el proceder de una persona amoral, como el italiano, y la de un pecador, como el español, se asemejan, pero solo en la superficie.

Dado su desafío a lo Alto, Don Juan será tragado por el infierno. No así Casanova. Su castigo, aunque de una frecuencia casi vulgar, será trágico y hecho a su medida. Perderá fuego su mirada, nitidez sus sentidos, firmeza sus rasgos y desenvoltura sus miembros. Casanova, tan corporal, conocerá la vejez. Ahí lo retrata Arthur Schnitzler, en el declive de su encanto y de todo aquello que le hacía el más vital de los hombres: “En su quincuagésimo tercer año de vida, cuando hacía ya tiempo que Casanova no era acosado a través del mundo por el placer de aventuras de su juventud, sino por el desasosiego de una vejes próxima.”

De este modo arranca El regreso de Casanova, publicado nueve años antes de Relato soñado, quizá esta su obra más célebre y en la que se basaría la última película de Kubrick. El autor se fija en Casanova cuando le ha llegado el momento de pagar las facturas: arruinado, desmejorado, declinante y a punto de aceptar el deshonor de trabajar de espía para poder volver a Venecia como el pájaro herido. Schnitzler, con su emblemática penetración psicológica, rebusca en las entrañas del conflicto que le supone envejecer a un hombre que solo vivió para devorar los exuberantes frutos de la juventud.

La trama, como no podía ser de otra forma, gira en torno a la conquista de una mujer, al parecer virtuosa e inaccesible, lo que inflama el deseo del conquistador. Además, lejos de mostrarse impresionada con la reputación de Casanova, el rostro de la joven evidencia el asco de quien se ve abrumada por un viejo verde; y eso inflama su orgullo. A lo anterior hay que añadir un competidor, joven, apolíneo y astuto, casi un reflejo de lo que Casanova fue en su esplendor. Así, la lucha se establece de algún modo consigo mismo. Y si en el duelo ya no puede emplear un encanto que le ha abandonado, sí podrá usar ese colmillo que los años nos retuercen a todos. Como dice un personaje de la novela: “Cuando se es tan viejo como nosotros […], no hay que dejarse superar por nadie, al menos en infamia”.

 

 

 

Editorial
Alianza
Año de Publicación
2021
Categorías
Sinopsis
«El hecho de que aquellos ojos no mostraran el menor indicio del fulgor que tantas veces había percibido al conocer a alguien, cuando gozaba aún del deslumbrante esplendor de la juventud o de la intrépida gallardía de la madurez, era algo que Casanova había aprendido a aceptar hacía mucho.» Con todo, en El regreso de Casanova -publicada por Arthur Schnitzler (1862-1931) en 1917- el célebre libertino veneciano, ya en el otoño de su existencia, encuentra un estimulante desafío en la figura de la joven, fría e inteligente Marcolina. Encabritado por su indiferencia, refractario a aceptar lo impensable, el chevalier de Seingalt arma un ardid que, al mismo tiempo que le dará a probar la felicidad, lo embarcará en la jornada en que se verá alejado irremediablemente de la plenitud de la vida.
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