Reseñas

El idioma materno

Fabio Morabito
Editorial
Sexto Piso
Año de Publicación
2014
Categorías
Sinopsis
Sin ser una autobiografía, impresiona la voluntad de desnudamiento que recorre cada uno de estos textos, empezando por la aceptación de que escribir es una forma de darle la espalda al prójimo. Si el aprendizaje del idioma materno que constituye en definitiva el -hogar- de cada uno de nosotros supone para el hablante la renuncia a ese momento inicial en el que todas las lenguas se abren como una promesa, como una potencialidad igualmente factible, este libro -nos proporciona a base de lenguaje la salida del lenguaje, el atisbo de la realidad del mundo-; una forma de desandar el camino, abandonar las supuestas certezas y alcanzar ese punto de inseguridad e indeterminación, de extrañeza y fascinación, en el que se puede afirmar precisamente que un escritor es aquella persona a quien le cuesta escribir más que a ninguna otra.

Bombones metaliterarios

Temática:
Compendio de estampas sobre literatura
Te gustará sí:
Crees que una coma bien merece partirse la cara
Dónde leerlo:
Convaleciente tras haber parido un texto
Acompáñalo de:
Un café, el atrapamusas

Que la lengua sirve para comunicarse lo sabe hasta el que asó la manteca; incluso los pedagogos llevan un tiempo sospechándolo. Las ideas se transforman en signos que vuelven a transformarse en ideas para que Fulano afirme, niegue, pregunte o exclame y Mengano lo entienda. Es su oficio: referirse al mundo y servir al hombre en sus jaleos y transacciones. Sin embargo, no es su vocación. Lo que de verdad le gusta, lo que hace en cuanto le dan un respiro los afanes diarios, es entrar en su cuarto, cerrar el pestillo y referirse a sí misma. Se mira en el espejo y se recrea en la fonética de sus labios, en la sintaxis de su figura, en la penetrante mirada de sus ojos semánticos. La lengua y su pulsión de Narciso, la metalengua. Designar las cosas es su misión, pero designar sus propias designaciones es su regocijo.

Y a riesgo de sucumbir a los encantos de la posmodernidad, diré que algo semejante pasa con la literatura. Su función principal es decir algo bellamente sobre el ser humano. Forma y fondo. Para ello, enracima palabras y descubre metáforas que iluminan el alma humana y sus quebrantos. Ahora bien, aunque ese sea su cometido, comparte vicio onanista con la lengua, y a nada que tiene un rato libre, perpetra novelas sobre el novelar, libros sobre libros o sonetos sobre el imperecedero arte de las catorce sílabas.

Y es dentro de ese juego de reflejos donde hay que situar El idioma materno de Fabio Morábito, publicado en España por la editorial Sexto Piso en 2014. El libro se origina en unas colaboraciones en el diario argentino Clarín y ofrece 84 bocados de metaliteratura, todos ellos constituidos por un único párrafo de una carilla. Un libro para golosear y en el cual el autor consigue ser profundo desde la ligereza. No comulgo con su materialismo de fondo ni con su nominalismo –un pecado, por otra parte, muy común en quienes tienen dentro la tenia literaria–, pero qué más da. Si uno se dedica a leer con el único objetivo de darse la razón, acaba trabajándose las curvas del cráneo hasta conseguir una cabeza perfectamente cuadrada.

Cada uno de los 84 bombones tiene un puntito, un regusto. Pero es que hay algunos que merecen un marco, como el de un lector cuya manía era subrayar cuanto le agradaba. Naturalmente, eso le alejó de la escritura, pues “aspiraba a escribir un libro perfecto, un libro subrayable de la primera a la última palabra”; y así no hay modo de dar por cerrada una frase, de hecho, con esa actitud, con ese afán, no hay manera de contentarse siquiera con un sintagma.

O aquel otro en que un escritor de renombre es incapaz de concluir un trivial justificante para su hijo, y es que buscaba el justificante de los justificantes, el justificante perfecto. Al final tiene que arrebatárselo su mujer y concluirlo con una serie de despreocupados golpes de muñeca. O aquel –y ya acabo– donde sostiene que la puntación es lo que cincela el estilo. Y es cierto, porque no hay nada más serio que una coma, nada de mayor importancia. Es más, cuesta entender que, con lo que gustan los editores de cambiar las comas de sitio o ponerlas donde no las había, sus neumáticos, día tras día, amanezcan de rositas.

 

 

Editorial
Sexto Piso
Año de Publicación
2014
Categorías
Sinopsis
Sin ser una autobiografía, impresiona la voluntad de desnudamiento que recorre cada uno de estos textos, empezando por la aceptación de que escribir es una forma de darle la espalda al prójimo. Si el aprendizaje del idioma materno que constituye en definitiva el -hogar- de cada uno de nosotros supone para el hablante la renuncia a ese momento inicial en el que todas las lenguas se abren como una promesa, como una potencialidad igualmente factible, este libro -nos proporciona a base de lenguaje la salida del lenguaje, el atisbo de la realidad del mundo-; una forma de desandar el camino, abandonar las supuestas certezas y alcanzar ese punto de inseguridad e indeterminación, de extrañeza y fascinación, en el que se puede afirmar precisamente que un escritor es aquella persona a quien le cuesta escribir más que a ninguna otra.
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