Reseñas

El extraño verano de Tom Harvey

Mikel Santiago
por:  
Mario Crespo
Editorial
B de bolsillo
Año de Publicación
2018
Categorías
Sinopsis
Un lugar idílico bañado por la luz cegadora del Mediterráneo. Una galería de personajes estrafalarios, carismáticos y sospechosos. Un -quién-lo-hizo- a ritmo de thriller en el que todo el mundo puede ser culpable hasta que se desvele la verdad. -Yo estaba en Roma cuando Bob Ardlan me llamó. Para ser exactos: estaba con una mujer en Roma, cuando Ardlan me llamó. Así que cuando vi su nombre en la pantalla del teléfono pensé: "Qué demonios, Bob. No me llamas en una eternidad y vienes a estropearme el mejor momento del verano". Y lo dejé sonar. Dos días después, supe que Bob había caído desde el balcón de su mansión en Tremonte pocos minutos después de marcar mi número. ¿O tal vez le habían empujado? No me quedaba más remedio que pisar el acelerador del coche y plantarme allí para hacer unas cuantas preguntas.-504

Artesanía de la literatura de entretenimiento

Temática:
Thriller mediterráneo, con un chorro generoso de glamour
Te gustará si te gustó:
Andrea Camilleri
Dónde leerlo:
En una playa del sur de Italia
Acompáñalo de:
Un vaso de Negroni

Mikel Santiago (Portugalete, 1975) fue rockero antes que novelista, y se le nota. Escribe suelto, con ritmo potente y melodía pegadiza. Por si fuera poco, tiene otra virtud poco común en el plomizo panorama literario español: se dedica, sencillamente, a escribir libros divertidos, no a darnos la brasa, a reivindicar causas –por justas que sean- o a salvar el mundo. Es un artesano de la literatura de entretenimiento, y uno de mucho talento.

“Yo estaba en Roma cuando Bob Ardlan me llamó”, dice Tom Harvey al comienzo de esta novela. “Para ser exactos: estaba con una mujer en Roma cuando Ardlan me llamó. Así que cuando vi su nombre en la pantalla del teléfono pensé: Qué demonios, Bob. ¿No me llamas en una eternidad y vienes a estropearme el mejor momento del verano? Y lo dejé sonar. Dos días después, supe que Bob había caído desde el balcón de su mansión en Tremonte pocos minutos después de marcar mi número”. De modo que el protagonista, un saxofonista en horas bajas, se dirige a la costa Amalfitana a intentar resolver el enigma. Adlan, el muerto, además de un pintor de prestigio, era el padre de su exmujer, Elena, así que el viaje, para Tom, adquiere un tinte de reencuentro con su pasado, casi de ajuste de cuentas.

Thriller mediterráneo, con un chorro generoso de glamour y giros de trama tan frecuentes como creíbles, El extraño verano de Tom Harvey está lleno de acordes de jazz, vasos de negroni, carreteras sinuosas, mansiones con embarcadero y terrazas con vistas a un mar azul turquesa. Entre sus inspiraciones para este whodonit, Santiago cita a Agatha Christie y a Patricia Highsmith, además del Hergé de Las joyas de la Castafiore. Casi nada. A mí me recuerda también a Camilleri, y no solo por la localización de la historia.

No faltan los guiños sobrenaturales y oníricos, quo son casi una marca del autor, aunque aquí más contenidos que en otros de sus títulos. Por suerte, nunca los utiliza como Deus ex machina para resolver problemas narrativos: son una herramienta para darle a la trama una bruma de misterio muy conveniente.

El resultado es una novela tan redonda como su título, disfrutable y perfecta para llevársela a la playa. Al sur de Italia, por ejemplo, cuando lo permitan las restricciones pandémicas.

Editorial
B de bolsillo
Año de Publicación
2018
Categorías
Sinopsis
Un lugar idílico bañado por la luz cegadora del Mediterráneo. Una galería de personajes estrafalarios, carismáticos y sospechosos. Un -quién-lo-hizo- a ritmo de thriller en el que todo el mundo puede ser culpable hasta que se desvele la verdad. -Yo estaba en Roma cuando Bob Ardlan me llamó. Para ser exactos: estaba con una mujer en Roma, cuando Ardlan me llamó. Así que cuando vi su nombre en la pantalla del teléfono pensé: "Qué demonios, Bob. No me llamas en una eternidad y vienes a estropearme el mejor momento del verano". Y lo dejé sonar. Dos días después, supe que Bob había caído desde el balcón de su mansión en Tremonte pocos minutos después de marcar mi número. ¿O tal vez le habían empujado? No me quedaba más remedio que pisar el acelerador del coche y plantarme allí para hacer unas cuantas preguntas.-504
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