Reseñas

Civismo y ciudadanía

Higinio Martín
Editorial
Huerta grande
Año de Publicación
2019
Sinopsis

Este libro es como el cuaderno de bitácora de un filósofo enfrentado a lo que sucede con la aspiración de comprenderlo y de dar razón del asunto en público. Se compone de asuntos de la actualidad que impelían a ser pensados y de reflexiones sobre cambios culturales que dan forma a nuestras sociedades en el intento de sobrevivir a ese naufragio que acecha de continuo en el olvido y la falta de sentido. Y según su autor, unos pocos están escritos con una sonrisa, porque, como dijo Hegel, una cierta ternura indulgente es a veces la clase de inteligencia que requieren las cosas humanas.

El festín de las ideas

Temática:
Reflexiones de un filósofo enfrentado a la realidad de su tiempo.
Te gustará si:
Quieres encontrar un hilo que te guíe por el laberinto de nuestra época.
Léelo mientras escuchas:
Algo de Keitt Jarrett.
Acompáñalo de:
Un té frío.

Sumergirse en cualquiera de los libros de Higinio Marín supone abrirse a la recepción de un caudal de conocimiento y al disfrute de un placer intelectual como seguramente pocos ensayistas del momento se hallen en disposición de depararnos. Profesor de Antropología Filosófica en la Universidad Ceu-Cardenal Herrera, se trata de un autor dotado de una singular capacidad para proyectar sobre los temas que aborda la amplitud de un saber que, a través de una mirada tan perspicaz como abarcadora, acierta a revelar la persistencia de todos esos vasos comunicantes que, desde el punto de vista de las ideas y los hábitos culturales vigentes en nuestro tiempo, todavía nutren el entramado de esta maltrecha civilización. A riesgo de incurrir en una cierta simplificación, diría que su obra está marcada por la voluntad de comprender el mundo -en la complejidad de su morfología externa, pero también en la singularidad psicológica del sujeto que la Modernidad ha terminado alumbrando- bajo la premisa de la continuidad con un pasado que nuestra época, rabiosamente antigenealógica, no ha logrado sin embargo abolir por completo. 

Ese bagaje erudito se despliega en una escritura en la que el rigor intelectual y la inclinación hacia una vertiente más divulgativa se refuerzan mutuamente a través de la elegancia de una prosa que al lector no especializado le proporciona momentos de intenso disfrute. Si me instaran a ofrecer un botón de muestra de lo que trato de explicar, invitaría a los lectores de esta reseña a hojear el que quizá sea –sin desmerecer al resto- uno de mis libros preferidos de Higinio Marín, Teoría de la cordura y de los hábitos del corazón, y, tras detenerse al azar en cualquiera de sus páginas –como acabo de hacer yo ahora mismo-, efectuar la comprobación que sugiero. He aquí un ejemplo de lo que podría encontrarse: “Por el contrario, no tener corazón es carecer del órgano del reconocimiento y, por tanto, no poder ser afectado por lo que les ocurre o se les hace a los demás. No tener corazón es haber olvidado la propia y común condición y cuánto se comparte con los semejantes vulnerables, dependientes y mortales. Vivir completamente ajeno a los demás sólo es posible si se vive ajeno a unos mismo. Esta forma de olvido en que anidan la crueldad y la imposibilidad de sentir compasión es otro de los márgenes del mundo, de cualquier mundo humano: la barbarie”. 

Higinio Marín posee además la rara cualidad de situarse siempre a la distancia precisa de la realidad del momento para de ese modo ofrecernos un diagnóstico certero del estado de salud de nuestra sociedad. De esa facultad dan testimonio sus textos más breves (una buena cantidad de los mismos aparecidos bajo la forma de artículos publicados en distintos medios digitales, en especial en El debate de hoy), que van surgiendo de manera espaciada, fruto de una paciente labor de reflexión. A modo de sucintas piezas ensayísticas, algunos de ellos se han agrupado en recopilaciones sucesivas que han merecido el honor de la imprenta.  Civismo y ciudadanía es una de ellas. Publicada en 2019, la variedad de los temas que se abordan en sus páginas aparecen unificados a la luz de una inteligencia que los inserta en un mismo ámbito de sentido, a saber, el intento de explicación de las transformaciones culturales que han dado origen a la crisis de la sociedad en que vivimos. Para quienes todavía no hayan leído nada de su autor, me atrevo a sugerir que se trata de una obra idónea para adentrarse en un pensamiento tan estimulante como fecundo.

El mismo autor, en la introducción del libro, apunta un par de claves de interpretación para guiarnos en nuestra lectura. La primera se sintetiza en “la convicción de que vivimos en una época insólita, sin precedentes que nos pudieran ahorrar el esfuerzo de pensarla, y en la que declinan concepciones que han sido dominantes y sostuvieron grandes unidades temporales y geográficas, hoy en crisis”. La segunda alude al peligro que supone, en un contexto de cambios incesantes, el imparable crecimiento de ese gran ente moralizador que amenaza con adueñarse de la totalidad de nuestras vidas, y que no es otro que el Estado: “Hay que desistir de la pretensión moral e ideológica que anima a hacer el bien a los demás, aunque no quieran, y convenir en que no hay concepción del bien que sobreviva a su imposición (…). Al menos desde san Agustín, esas pretensiones corrieron por cuenta de confesionalismos políticos que la modernidad recrudeció, y que hoy anidan en ideologías estatalistas que asimilan lo público con la realización moral del bien”.

Queda pues, desde sus páginas iniciales, orientada la obra hacia una intencionalidad bien definida. Alejado de pretensiones dogmáticas y tentaciones maximalistas, pero provisto de un afilado escalpelo con el que penetrar hasta lo profundo en algunos de los principales males que colectivamente nos atañen, Higinio Marín traza una cartografía bastante completa de nuestro presente. Ve a la sociedad inmersa en un permanente estado de competitividad que “genera entornos en los que se posterga la pregunta por el sentido de lo que hacemos y hasta si queremos realmente hacerlo”. Reivindica “despolitizar el bien común para poder volver a politizar la política, es decir, para localizar de nuevo lo genuinamente político: la convivencia organizada entre discrepancias irreductibles”. Apela a la necesidad de una democracia que, si no quiere degradarse en mero formalismo corrupto y embrutecedor, tiene que tener en cuenta a los perdedores “como elemento de moderación del ejercicio del poder y de las propias posiciones”. Lejos de caer en el error, tan común hoy día, de culpar a las estructuras heredadas de nuestras frustraciones y fracasos personales, mantiene que “ningún enemigo va a socavar nuestras expectativas de ser felices, y ninguno posee un poder tan devastador sobre lo que somos como uno mismo”. Y como idea decisiva que no quiero dejar de apuntar aquí, dedica páginas excelsas a desentrañar las causas y dar la voz de alarma acerca de la crisis demográfica que devasta Occidente. Antes que en cuestiones de índole material, sabe buscar el origen de la actual debacle en un orden de cosas muy distinto: “La crisis contemporánea de la paternidad –escribe-, incluida la caída demográfica, hunde sus raíces en la deconstrucción de la experiencia filial de la devoción y el cuidado de lo que un día fue vigoroso y nos protegió: los latinos le llamaban pietas, piedad, la virtud del buen hijo”.

En definitiva, Civismo y ciudadanía resulta una sustanciosa muestra de la bibliografía de un escritor, que sin perjuicio de su mesura y discreción personales, a través de una labor acometida con un indesmayable fervor hacia la obra bien hecha y la demorada paciencia de un orfebre, se ha ganado por derecho propio el honor de figurar entre los pensadores más sugerentes de nuestro tiempo. Disfrutemos, pues, de su lectura.

 

 

Editorial
Huerta grande
Año de Publicación
2019
Sinopsis

Este libro es como el cuaderno de bitácora de un filósofo enfrentado a lo que sucede con la aspiración de comprenderlo y de dar razón del asunto en público. Se compone de asuntos de la actualidad que impelían a ser pensados y de reflexiones sobre cambios culturales que dan forma a nuestras sociedades en el intento de sobrevivir a ese naufragio que acecha de continuo en el olvido y la falta de sentido. Y según su autor, unos pocos están escritos con una sonrisa, porque, como dijo Hegel, una cierta ternura indulgente es a veces la clase de inteligencia que requieren las cosas humanas.

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