Reseñas

Bartleby, el escribiente

Herman Melville
Editorial
Alma Europa
Año de Publicación
2021
Categorías
Sinopsis

Bartleby, el escribiente es un magnífico y conmovedor relato, cuya lectura resulta inquietante, divertida y perturbadora. Su protagonista, un peculiar copista judicial que trabaja en un despacho de abogados en Nueva York, decide un buen día, para sorpresa de su jefe, negarse a seguir copiando con la famosa frase «preferiría no hacerlo». Aún hoy, la motivación de Bartleby sigue siendo un exquisito misterio literario, pero la determinación y la sosegada delicadeza con la que se atreve a decir «no» hará que pase a la posteridad como un hombre que eligió la libertad.

El enigma Bartleby

Temática:
El misterio de un hombre que se niega tenazmente a la acción.
Te gustará si:
Te interesa asomarte al interior de un enigma insondable, narrado de manera deslumbrante.
Acompáñalo de:
Una taza de café bien cargado.

El nombre de Herman Melville ha quedado unido para siempre en los anales de la Literatura Universal a Moby Dick, la monumental novela que narra la persecución de la ballena blanca por parte del capitán Ahab, y cuya publicación en 1851 pasó desapercibida. Relato sólo secundariamente de aventuras, quienes lo hayan leído habrán acertado a percatarse del aire de furor y demencia que desprenden sus páginas. A causa de la destructiva intensidad de las pasiones que ambos actores encarnan, tanto la ballena como su implacable perseguidor han sido elevados por nuestra época a la categoría de arquetipos definitivos, símbolos a través de los cuales el arte asume la pretensión de acercarnos de modo veraz al misterio que envuelve la existencia.

Pero como la facultad del arte para acometer esa tarea resulta por completo independiente de las nociones de extensión o cantidad, hay ocasiones en que encontramos condensada en unas pocas páginas la misma visión iluminadora que nos transmiten obras mucho más prolijas. Esto es lo que sucede con Bartleby, el escribiente. En apenas cuarenta páginas vemos desarrollarse ante nuestros ojos una historia pasmosa, inclasificable, protagonizada por unos pocos personajes que, pese a su aparente esquematismo, están caracterizados con unos rasgos tan certeros que nos transmiten la impresión de criaturas dotadas de vida indudable.

La historia es narrada en primera persona por el dueño de un despacho de abogados en el Nueva York de la segunda mitad del siglo XIX. Ante el aumento de la carga de trabajo, y contando sólo con dos peculiares empleados cuyas manías personales se detallan con cómica insistencia, decide poner un anuncio al objeto de ampliar la plantilla de copistas judiciales que trabajan para él. Al cabo de unos días, hace acto de presencia Bartleby. He aquí la primera impresión que esta misteriosa figura causa en su nuevo jefe: “En contestación a mi aviso, un joven inmóvil apareció una mañana en mi oficina; la puerta estaba abierta, pues era verano. Reveo esa figura: ¡pálidamente pulcra, lamentablemente decente, incurablemente desolada! Era Bartleby”.

A partir de ese instante, el núcleo de la trama girará en torno a la relación entre estos dos personajes. La manera en que Melville va pautando cada una de las fases de dicha relación contiene, en los diversos grados de asombro y enojo que la actitud del escribiente suscita en el narrador, una riqueza de matices psicológicos que maravillarán a los lectores. Porque tras unas primeras jornadas de trabajo intenso, aunque silencioso y oscuro, por parte del nuevo empleado, todo cambia el día en que, en respuesta a una solicitud de su superior, Bartleby pronuncia por primera vez la fatídica frase: “Preferiría no hacerlo”. Esas tres palabras constituyen su punto de no retorno al mundo de los vivos, al ámbito de los asuntos prácticos y lucrativos que acucian a quienes le rodean. La reacción fulminante y sensata hubiera sido su despido. Pero no sucede así. Día tras día, tras cada uno de los requerimientos del dueño del bufete, Bartleby se parapetará, imperturbable, sereno, firme, detrás de las tres inamovibles palabras. Paulatinamente, veremos al personaje transformarse ante nuestros ojos –guiados siempre por la voz atónita del narrador- en un enigma indescifrable. Su irritante obstinación adquiere una tonalidad nueva a medida que entrevemos los rasgos de claudicación y desamparo que yacen en el fondo insondable de esa existencia descolorida. Compartimos las dudas del narrador, sus escrúpulos, su perplejidad. También su indignación impotente y su rabia.

De manera progresiva, a medida que se suceden las páginas de este extraordinario relato y nos vamos sumergiendo, con entera naturalidad, en su atmósfera inverosímil, Bartleby va acrecentando su talla como héroe moderno de la inacción. Su feroz desistimiento, su testaruda mansedumbre, su pasividad prácticamente lunática, suicida, en un mundo que sólo premia a los más competitivos y arrojados, le otorgan un aura épica. Su presencia gris y desolada adquiere, por contraste con los brillos del éxito ante los que estamos habituados a sucumbir, una nota tan trágica como enaltecedora. “Con cualquier otro hombre –reflexiona en cierto momento el narrador-, me hubiera precipitado en un arranque de ira, desdeñando explicaciones, y lo hubiera arrojado ignominiosamente de mi vista. Pero había algo en Bartleby que no sólo me desarmaba singularmente, sino que de manera maravillosa me conmovía y desconcertaba”.

Ese “algo” a lo que alude el narrador es la radical imposibilidad de desvelar el enigma que Bartleby nos propone. ¿De dónde ha salido un personaje así? ¿Qué vivencias ha podido experimentar para llegar a asumir ese grado de desinterés hacia la vida? ¿Cuál es la fuente que alimenta su desánimo, su desesperación, su renuncia? Un impulso de humanidad lleva al narrador a hacerse cargo de ese misterio y, hasta el final de la historia, trata de hacer algo para ayudar a su empleado. No obstante, intuye la inutilidad de sus esfuerzos: “Lo que vi esa mañana –dice- me convenció de que el amanuense era la víctima de un mal innato e incurable. Yo podía dar una limosna a un cuerpo, pero su cuerpo no le dolía; tenía el alma enferma, y yo no podía llegar a su alma”.

No creo que haya mucho relatos en la historia de la literatura moderna que hayan logrado- como lo logra éste- ceñir de una manera tan poética, y a la vez tan lúcida y dolorosa, el misterio de la fragilidad de un alma hastiada de la vida, desengañada de todas las ilusiones y desentendida, hasta la incomunicación y el mutismo casi absolutos, del resto de sus semejantes. Bartleby, el escribiente representa, en la desposeída figura de su protagonista, el cansancio de un mundo y de una época que muy probablemente hayan olvidado unas cuantas cosas esenciales. Quienes se decidan a leerlo no se arrepentirán de la experiencia. Y descubrirán, al final de sus páginas, uno de los epílogos más conmovedores, hermosos y tristes que quien esto escribe es capaz de recordar. 

  

 

Editorial
Alma Europa
Año de Publicación
2021
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Sinopsis

Bartleby, el escribiente es un magnífico y conmovedor relato, cuya lectura resulta inquietante, divertida y perturbadora. Su protagonista, un peculiar copista judicial que trabaja en un despacho de abogados en Nueva York, decide un buen día, para sorpresa de su jefe, negarse a seguir copiando con la famosa frase «preferiría no hacerlo». Aún hoy, la motivación de Bartleby sigue siendo un exquisito misterio literario, pero la determinación y la sosegada delicadeza con la que se atreve a decir «no» hará que pase a la posteridad como un hombre que eligió la libertad.

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