Reseñas

Anhelo de raíces

May Sarton
Editorial
Gallo Nero
Año de Publicación
2020
Categorías
Sinopsis
«En aquel primer fin de semana establecí el rito de la cena. Cuando me sentara a la mesa, tenía que haber flores; debía haber una botella de vino y que la mesa estuviera puesta con esmero, como por el mejor sirviente. Un libro abierto para poder leer, el equivalente a la conversación civilizada para un solitario. Todo estaba preparado como para recibir a un invitado y el invitado de la casa iba a ser yo.» En la década de los cincuenta May Sarton compra una casa de campo del siglo XVIII en Nelson, Nuevo Hampshire. Siempre había soñado con la casa ideal y con una nueva vida en ella. Una casa propia son sus memorias sobre cómo compró esa primera casa y sobre los primeros diez años que vivió en ella: las alegrías y las penas de la jardinería, las personas que fueron a visitarla y su rutina diaria como escritora. También nos habla de ese proceso tan intenso y personal de transformar una casa en un hogar; pinta las paredes de blanco para captar la luz y busca el tono preciso de amarillo para la cocina. En esta «casa viva» descubre la paz y la belleza, trabaja en el jardín, excelente metáfora de la vida fuera de él, y no deja nunca de escribir. Son páginas llenas de belleza e iluminadas por sus reflexiones sobre la amistad, el amor, la naturaleza y su universo creativo.

Soledad, jardines, amigos y la luz de Nueva Inglaterra

De qué va:
En los 50, la escritora May Sarton se compra una casa en un pueblito de Nuevo Hampshire
Te gustará si:
Has pensado alguna vez en dejarlo todo 
Dónde leerlo:
Debajo de una manta, delante de una chimenea
Acompáñalo de:
Un té con jengibre

Hasta hace unos meses no sabía quién era May Sarton, y cuando me regalaron Anhelo de raíces (Gallo Nero, 2020) reconozco que lo empecé sin mucho convencimiento. Lo solté a las pocas páginas; no me decía nada. Le hice poquísimo caso y no entendía qué le habían visto para regalármelo. Como voy como una liebre, no le dediqué el par de minutos que me habrían bastado para saber que, de hecho, el libro parecía escrito a medida para mí. Unos días después se me ocurrió darle una segunda oportunidad y lo abrí por una página cualquiera. Esta vez, Sarton me estaba esperando lista para agarrarme bien por las solapas y no volver a soltarme. Fue como cuando conoces a uno y te parece muy feo pero empezáis a charlar y cada vez lo vas viendo más guapo hasta que un día, de repente, lo encuentras tan irresistible que no comprendes cómo no te tiraste encima nada más verlo la primera vez.

 

En la década de los 50, a los 45 años, Sarton se compró una casa de campo del siglo XVIII en Nelson, un pueblito de Nuevo Hampshire. Era la primera vez que tenía casa propia. En Anhelo de raíces recorremos junto a ella sus primeros 10 años allí. A su lado pasamos el primer invierno –al filo de ninguna parte, arrebujados en el silencio de la nieve que cae sin cesar–, vamos viendo cómo se forma su jardín y disfrutamos con los veranos de flores o la luz siempre cambiante de Nueva Inglaterra. La vemos abrirse camino en su trabajo y luchar contra la depresión, leemos atentamente sus reflexiones sobre la amistad, el amor o la naturaleza, la seguimos admirados en su empeño de vivir en soledad y, muy especialmente, le cogemos cariño a los amigos que vienen de visita y a las personas que conoció a lo largo de esos primeros años en Nelson.

 

De entre estos últimos hay uno que se quedará siempre conmigo. Con sus setentaytantos años y su físico largo y anguloso, como recién salido del cuadro American Gothic, tímido y con bastante genio, Perley Cole llama un día a la puerta de Sarton y le ofrece sus servicios como jardinero. La escritora accede enseguida y él desaparece sin decir cuándo empezará –ni si lo hará, en realidad– hasta que una mañana, poco después, ella amanece al susurro de la guadaña de Perley, que está segando la hierba entre la casa y el granero. Cómo debe ser que te despierte el susurro de una guadaña, me pregunto muriendo un poco de envidia. Se acerca a la ventana y se queda mirándolo trabajar: cómo avanza delicadamente con sus largos y constantes barridos, cómo se detiene cada cierto tiempo para afilar la guadaña, cómo se empeña en repasar los bordes con una hoz para dejarlos –aún más– perfectos. A partir de ese momento comienza una relación muy especial entre los dos. A Sarton la acompaña tener a Perley en el jardín trabajando a la par suya cuando está escribiendo, y más de una vez es su ejemplo el que hace que repase una hoja por quinta vez en lugar de dejarla estar a la cuarta. Luego, cuando Perley termina de trabajar, se sientan juntos a tomarse una copa de jerez –qué más quiero– que Sarton bebe poco a poco y él se acaba de un golpe mientras dice “¡Se abre la sesión! ¡Ahora escúchame!”, y ahí echan un rato de charla buenísimo.

 

La edición de Gallo Nero es preciosa, me encantan la cubierta y el formato casi cuadrado y el papel tan suave. El ejemplar inglés que tenía estaba impreso por Amazon en Gran Bretaña: no tiene una cubierta muy evocadora, el papel es de un blanco nuclear cegador y el diseño en general es muy feo, aunque se lee con comodidad. Qué alegría me da cuando la edición española es más bonita que la original.

 

Me ha gustado muchísimo leer y subrayar Anhelo de raíces con mi lápiz naranja. Es posible que un poco del gozo tenga que ver con que este libro ha llegado a mis manos en el momento preciso, pero no creo que sea solo eso. He tardado meses en terminarlo, y ese alargarlo en el tiempo sin prisa ninguna ha sido muy placentero. Durante las largas noches de este otoño, que ha sido bastante triste, y gran parte de las de invierno, la sensación de que Sarton y su casita de Nueva Inglaterra me estaban esperando cada noche en la cama ha sido muy agradable, muy acogedora, como de chimenea y manta y té calentito y que aúlle el viento lo que tenga que aullar. Y justo cuando me estaba acercando al final y me iba costando alargarlo más, me llegó A Journal of Solitude, el diario que lo sigue. Me intuyo una primavera maravillosa. Ojalá en Gallo Nero se apresuren a publicarlo en español con el mismo buen gusto con el que han editado este. 

 

 

Editorial
Gallo Nero
Año de Publicación
2020
Categorías
Sinopsis
«En aquel primer fin de semana establecí el rito de la cena. Cuando me sentara a la mesa, tenía que haber flores; debía haber una botella de vino y que la mesa estuviera puesta con esmero, como por el mejor sirviente. Un libro abierto para poder leer, el equivalente a la conversación civilizada para un solitario. Todo estaba preparado como para recibir a un invitado y el invitado de la casa iba a ser yo.» En la década de los cincuenta May Sarton compra una casa de campo del siglo XVIII en Nelson, Nuevo Hampshire. Siempre había soñado con la casa ideal y con una nueva vida en ella. Una casa propia son sus memorias sobre cómo compró esa primera casa y sobre los primeros diez años que vivió en ella: las alegrías y las penas de la jardinería, las personas que fueron a visitarla y su rutina diaria como escritora. También nos habla de ese proceso tan intenso y personal de transformar una casa en un hogar; pinta las paredes de blanco para captar la luz y busca el tono preciso de amarillo para la cocina. En esta «casa viva» descubre la paz y la belleza, trabaja en el jardín, excelente metáfora de la vida fuera de él, y no deja nunca de escribir. Son páginas llenas de belleza e iluminadas por sus reflexiones sobre la amistad, el amor, la naturaleza y su universo creativo.
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