Reseñas

¡Abajo el colejio!

Herbert Geoffrey Willans
Editorial
Impedimenta
Año de Publicación
2013
Categorías
Sinopsis
Considerado un clásico de la literatura ilustrada del XX, y una de las creaciones más gamberras jamás escritas, «íAbajo el colejio!» inaugura las aventuras del famoso colegial Nigel Molesworth, un claro antecedente inglés del Pequeño Nicolás y gran éxito de ventas en Gran Bretaña en los años cincuenta. Nigel Molesworth es un estudiante maléfico que vive interno en el Colegio de San Custodio, que tiene solo 62 alumnos y que, según Nigel, «fue construido por un lunático en 1836». Nada escapa a su ojo clínico, y suele encontrar poco tiempo para tostones como la biología o la poesía. Prefiere, sin embargo, saltarse las clases o hacer gamberradas con Peason, su mejor amigo, con quien protagoniza frecuentes expediciones interplanetarias, con Fotherington-Tomas, el tonto del grupo, o con Molesworth-2, su hermano pequeño, al que zurra en cuanto tiene ocasión. Un clásico de la literatura inglesa más gamberra, divertida y genial, para todas las edades, y que se presenta en espléndida traducción de Jon Bilbao.

Cualquier tiempo pasado fue exactamente igual

De qué va:
Internado enloquecido, niños desatados
Dónde leerlo:
Debajo de la cama mientras te buscan por toda la casa
Acompáñalo de:
Un paquete de pipas

¡Abajo el colejio! se publicó por primera vez en 1953 y es la mejor prueba de que nunca ha habido una generación de niños particularmente obedientes y estudiosos, ni una época dorada de la educación. Ya podemos relajarnos y dejar de llevarnos las manos a la cabeza. Su autor, Geoffrey Willans, que fue profesor algunos años antes de escribirlo y sabía de lo que hablaba, no tuvo que tirar mucho de su imaginación para recrear el enloquecido internado de San Custodio.

 

A través del fantástico monólogo interior de su protagonista, Nigel Molesworth –también conocido como el terror de San Custodio, según él–, Willans deja constancia de que siempre ha habido niños zoquetes, cabezotas y respondones. Si las pocas ganas de atender en clase no son algo exclusivo de nuestra época, como tampoco lo son de un tipo de colegio concreto, lo mismo puede decirse de los profesores a juzgar por la clasificación de Molesworth: los entusiastas, tan pesados que no te queda más remedio que aprender con ellos, los de francés, incapaces de mantener el orden en clase según una tradición ancestral, o los de matemáticas, contra los que la única estrategia posible es poner cara de mucha concentración, por ejemplo. Ya entonces existía, incluso, la figura del profesor enrollado, y ya entonces los alumnos lo veían venir de lejos, como se intuye en este lamento de Molesworth: “En los biejos tienpos sabías lo que podías esperar, pero ahora los hinsensatos pretenden saber lo que se esconde en el fondo de tu cabeza”.

 

Plagado de faltas de ortografía deliberadas y muy exageradas, ¡Abajo el colejio! es otro más en la lista de los libros infantiles que causaron indignación porque daban mal ejemplo y, consecuentemente, triunfaron inmediatamente entre los niños. La traducción de Jon Bilbao, que no lo tenía nada fácil, es estupenda y tiene exactamente lo que le pido a cualquier traducción: que no parezca que lo es. Bilbao escribe con muchísima gracia y le da a Molesworth una voz tan natural y una soltura que el libro se lee de un tirón sin que te saque nunca de la historia una expresión o una palabra forzada.

 

Tan importante como el texto son las ilustraciones de Ronald Searle. Searle ya era un ilustrador consagrado y muy célebre en el Reino Unido gracias a sus viñetas de las alumnas de St Trinians. Muy célebre pero hastiado de que su editor le pidiera más de lo mismo, saltó como un resorte ante la oportunidad de trabajar en las historias de San Custodio con Willans. Su editor se dejó convencer y el libro tuvo tantísimo éxito que escritor e ilustrador colaboraron en tres volúmenes más, el último de los cuales se publicó tras la muerte de Willans por un ataque al corazón a los 47 años. Ojalá se animasen en Impedimenta, que ha hecho una labor tan magnífica con el primero, a publicar los tres que nos faltan en español.

 

Hay quien piensa que este libro es más para adultos que para niños, y quien cree que si no se ha leído de niño, no se podrá disfrutar de mayor. Yo creo que es mucho mejor que eso, y estoy con lo que dice Philip Hensher en su introducción a The Complete Molesworth: “Cuando era niño pensaba que eran libros para niños, y ahora que soy un adulto pienso que son libros para adultos sobre la niñez”.

 

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