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La pasión y voluntad de Carmen Conde
por Nieves B. Jiménez
16 de noviembre de 2021
La pasión y voluntad de Carmen Conde

Yo no te pregunto adónde me llevas.

Ni por qué.

Ni para qué.

¿Tú quieres caminar?, pues yo te sigo.

 

Vive la poesía en cada una de los poetas. Y viven sus poemas en sus lectores. La poesía se renueva y se llena de significado en cada lectura. Como aliento existencial y cultural. En cada verso Carmen Conde desgranaba una de las escrituras más portentosas de la escena literaria. Brocal “es pensamiento y vida; es mirada traspasando objetos, personas y paisajes trasparentes. Brocal está compuesto por versos y versos del primer cuarteto de imposibles sonetos”, cuenta el catedrático emérito Díez de Revenga. Tenía que comenzar con Brocal. La música de las frases cortas y punzantes de su primer libro de poemas en prosa me lleva a reivindicar su figura, no sólo como escritora sino como, “mujer de acción. Desde muy joven, luchó en frentes en los que no solían hacerlo las mujeres de su época. Luego, durante la posguerra luchó sin descanso contra la adversidad: fue perseguida, juzgada, denunciada en su ciudad natal…”. Y continúa Díez de Revenga, “tuvo que marcharse a Madrid, esconderse y sobrevivir escribiendo en la prensa con nombres supuestos. Y, casi al final de su vida, se impuso sobre los señores académicos en la Real Academia Española de la Lengua”, como primera académica,  rompiendo así el fuego y saltando las barreras, como indicó Alonso Zamora Vicente.

 

I Congreso internacional de estudios sobre Carmen Conde

Hace unos días Documentos RNE dedicó un documental sonoro a Carmen Conde (Cartagena, 1907-1996) . Cuando tengan un ratito, no duden en buscarlo y rescaten el podcast. Una delicia de narración la de Modesta Cruz.  Muy oportuno además ya que con motivo de la conmemoración este año del vigésimo quinto aniversario del fallecimiento de Conde , los días 13 y 14 de diciembre se lleva a cabo el I congreso virtual internacional de estudios sobre Carmen Conde. Con la intervención de más de veinte especialistas de todo el mundo, se abordarán diversos aspectos de la escritora: desde su obra literaria y su labor periodística hasta su interés pedagógico y la importancia de su figura cultural en la historia del siglo XX. La novedad es que este congreso sirve de antesala al año 2022, también de homenaje condigno en el 75 aniversario de la publicación de Mujer sin Edén (1947), obra cumbre de Carmen Conde que los estudiosos equiparan con textos como Hijos de la ira de Dámaso Alonso o Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre.

Hijos de la ira
Damaso Alonso
7,95€
Mujer sin Eden
Carmen Conde
12,00€

 

Una fuerza y una mente voraz

El documental de RNE fue una combinación de líneas de vida y diálogos con lectura en alto de las reflexiones y los poemas de la autora con la intervención de Francisco Garcerá, hispanista e investigador; Francisco Javier Díez de Revenga, catedrático emérito de literatura de la Universidad de Murcia  y José Luis Ferris, escritor y biógrafo de la autora de Pasión del Verbo. Toda una evocación hablada a través de la vida de una muchacha audaz, valiente, en una de las épocas más duras y difíciles de España  “una persona pusilánime” -recuerda Garcerá- “no podría haberse abierto camino,  no podría haber sobrevivido a la guerra civil como lo hizo ella”. Era una mujer de una energía extraordinaria que tuvo que lidiar desde niña con una situación económica  muy inestable en casa agravada con la muerte del padre. La vida se torna crudo invierno en casa de Carmen. Para colmo, las mujeres eran educadas para cuidar el hogar y los libros era mejor esconderlos, no fueran a pensar que fueras una mujer con carácter y sabiendo lo que querías. Si Carmen Conde sorteó y superó todas esas convenciones fue porque su fuerza y su mente voraz la llevó siempre a salir y tomar otros caminos.

 

Con poco más de 15 años decide presentarse a las posiciones  como calquista de planos de la Sociedad Española de Construcción Naval de Bazán. Consigue superar los exámenes y trabajar en el Arsenal de Cartagena. A la vez, conoce a un poeta local, Miguel Pelayo, “que leyó mis primeros versitos  y los público en un periódico de la capital de Murcia, El Liberal”. Ya no paró de escribir y publicar.

 

Articulitos, cuentecitos, noveluchas… 

Este documento nos ha regalado la oportunidad de escucharla en su propia voz relatando capítulos de su vida a través de numerosas entrevistas realizadas a lo largo de su vida. Es emocionante revivir su atrevimiento, su arranque. En este ímpetu tuvo mucho que ver Antonio Oliver Belmás, su marido y primer mentor. Un hombre también volcánico que la animó a leer a Juan Ramón Jiménez. Del de Moguer reconocería más tarde, le abrió la mente. “Antonio me decía, “no escribas más articulitos, cuentecitos, noveluchas porque tú estás dotada para hacer otras cosas y te estás perdiendo. Tú lo que tienes que hacer es una cura de silencio y encontrarte a ti misma, y eso es lo que fue”. El regalo de bodas que se hicieron Antonio y Carmen fue crear la Universidad Popular de Cartagena. Ese amor nupcial si era el retrato feliz de una generación antes de que llegaran los vientos sucios de la guerra, parafraseando aquellos “vientos sucios de la historia”, de Salinas. Esa labor formativa continuó con la fundación de la primera biblioteca infantil de España y la primera cinemática infantil: “Nosotros pretendíamos algo que era muy importante: la convivencia, la tolerancia, la solidaridad humana. El que entraba sabía perfectamente que lo que pensara de política se lo dejaba en la chaqueta en su casa cuando se cambiaba de muda”.   Desgraciadamente, la muerte de su hija al nacer fue un mazazo que nunca superaron como pareja: “Declaro que se ha muerto y que su tumba / está dentro de mí; soy su mortaja”.

 

Amanda Junquera, una relación muy apasionada y muy profunda

Conde no ceja en su empeño de convertirse en escritora y decide escribir a Juan Ramón Jiménez enviándole unos poemas. “Jamás creí que me contestaría y lo hizo con una carta maravillosa. Poco después, incluso, me puso un telegrama pidiéndome más poemas”. En 1935 llega la “profunda amistad” con Katherine Mansfield, fallecida doce años atrás. Mansfield fue interlocutora y espejo, amiga silenciosa en Cartas a Katherine Mansfield. Fue esa interlocutora que Carmen Conde necesitaba cuando estaba fraguándose como escritora. “Encontró a esa persona que la hubiera entendido”, explica Garcerá.

Cartas a Katherine Mansfield
Carmen Calvo
12,00€

 

En la España de los ‘30, “Mansfield era una mujer adelantada a su tiempo, el arquetipo que respondía a las necesidades de Conde”, continúa Garcerá, “después, esa admiración literaria y personal la buscó en una mujer que no era una creación literaria”. Es entonces cuando se dice que fue Amanda Junquera la que vino a ocupar físicamente el espacio de Mansfield. Conoce a Amanda Junquera en la Universidad de Murcia. La aparición de Amanda Junquera en la vida de Carmen lo fue todo absolutamente. De nuevo surgen las contradicciones que agitan su interior como mujer profundamente religiosa, sufrió al esconder sus pasiones bajo llave. Precisamente el día de la sesión de ingreso en la Real Academia de la Lengua no iría a misa, “no, iré de víspera”. Conde y Amanda Junquera, esposa del catedrático de Historia Cayetano Alcázar (primero de la Universidad de Murcia y después de Madrid), convivieron después de que ambas enviudaran: “Las dos nos quedamos solas. Las dos enviudamos y se nos hacían grandes nuestras casas. Así que yo me vine a vivir con ella aunque conservo mi casa de Ferraz”. Su relación de amistad/amor durará 50 años, desde el año 1936 hasta 1986, cuando muere Amanda. “La poesía amorosa de Carmen Conde sería ininteligible desde el año 1936 si no se conociera su relación con Amanda (Junquera). Es una poesía amorosa muy apasionada, muy espectacular, muy brillante; una pasión de enamorada, y todos sabemos que su objeto de amor era Amanda”, indica Francisco Javier Díez de Revenga. “Yo no soy quién -añade- para decir qué tipo de relación había entre ellas. Lo que sí advierto, a través de las dedicatorias, es que existía una relación muy apasionada y muy profunda. Se pasó de una admiración inicial absoluta a una relación de compañerismo, de amistad…”, como vemos en los manuscritos que se conservan en el Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver, en Cartagena.

 

La amistad con los poetas de la Generación del 27

Además del retrato interior, Camen Conde relata la historia de su generación. Nos descubre su amistad con Dámaso Alonso, Maruja Mallo… la vida de Conde no se vislumbraría igual sin figuras como Juan Ramón Jiménez y continuando con Gabriel Miró, pero también, Mathilde Pomès, Miguel Hernández… muchos de los escritores que integrarían la Generación del 27, “quise mucho a Manolo Altolaguirre. Una amistad más pasajera con Luis Cernuda, al que conocí en el Patronato de Misiones Pedagógicas. Jorge Guillén estuvo de catedrático en la Universidad de Murcia y lo admiro y lo quiero profundamente. A Lorca le conocí muy superficialmente cuando estrenó Bodas de Sangre en el camerino de Margarita Xirgu. En la exposición de pintores residentes en París que hubo en el Museo Botánico conocí a Alberti, lo traté superficialmente porque él vivía en Madrid y yo ya en Cartagena. Después lo he visto en Roma y en Madrid. Amistad profunda, amistad entrañable, la he mantenido con Jorge Guillén a través de la vida; con Pedro Salinas mientras estuvo en España; con Dámaso Alonso y con Vicente Aleixandre”.

 

Dámaso Alonso dijo que la poesía de Carmen Conde se podría resumir en una sola palabra: pasión. La pasión y la voluntad de convertirse en escritora animó toda su vida desde que era niña en un lugar y en un tiempo que no facilitaban que las mujeres hiciesen una carrera literaria. La guerra civil frustró muchos de sus proyectos.  Aquella temporada escondida escribiendo bajo el seudónimo Florentina del Mar y en la editorial Alhambra donde publicó biografías como las de don Juan de Austria o don Álvaro de Luna y cuentos infantiles como los Enredos de Chismecita o Doña Centenito gata salvaje, que reflejan absolutamente la necesidad vital de escribir y de sobrevivir como autora.

 

Primera académica de la Real Academia

En 1978 fue elegida la primera mujer miembro de la Real Academia de la Lengua. Carmen Conde tenía más de 70 años y seguía derrochando energía y proclamando que la poesía había sido su salvación. La guerra, la provisionalidad de todo destruyó proyectos, su matrimonio, las ocupaciones de cada uno por separado y el desconsuelo por la hija perdida y casi echa a perder su carrera. Un desmoronamiento que nunca llegó porque la protagonista se obliga a no desfallecer. Antonio Oliver y Carmen deciden no exiliar: “Mira, Carmen, nosotros no hemos hecho ninguna indignidad. Nos quedamos aquí. Ya sabemos que lo vamos a pasar muy mal, pero resplandecerá la verdad porque los dos somos dos personas decentes”. Las represalias no tardaron en llegar y Antonio Oliver es detenido en Baza, expulsado de su trabajo y condenado a prisión atenuada en su domicilio en Murcia durante 5 años. Carmen Conde acabó instalada y oculta, junto a Junquera, en casa de Vicente Aleixandre, la mítica vivienda familiar de Velintonia, y más tarde se refugia en El Escorial con Amanda, ya débil de salud. Amanda empieza a sufrir los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer que la llevaría finalmente a la tumba en 1986. Tras la muerte de la persona que había sacado de ella toda su  personalidad, Carmen regresa a su casa de la calle Ferraz.

 

La mayor alegría de aquel tiempo fue su nombramiento como académica. Carmen recibió a El País en Velintonia, 5. Con su risa fuerte, sólida, segura. “No me esperaba este nombramiento. Fíjate que estoy vestida de estar en casa. Pero me alegro. Esto es importante y no sólo para mí, sino para todas las mujeres”. Incluso hubo momentos para el humor cuando le recordaban que un académico dijo “habrá problemas. Por ejemplo, no sé de qué van a ir vestidas. No sé cuál es la etiqueta de las mujeres”. Y Carmen, “yo tampoco lo sé, tendré que consultar a los modistos y al protocolo. Lo que sí es seguro es que no pienso llevar frack, ni tampoco espadín”.

 

En sus últimos años consiguió crear la fundación que lleva su nombre y el de su marido y donó todo su legado a Cartagena. El Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver es el legado personal público más grande de una escritora que España tiene en la actualidad. Perfectamente catalogado y descrito.

 

En 1992 Conde ingresó en una residencia de ancianos en Majadahonda y allí murió en enero de 1996. “Pasión y voluntad serían las dos palabras que son más ella, una vocación nunca traicionada. No solamente como académica sino también como mujer. Lo máximo de todas esas autoras de la Edad de Plata y de la posguerra que han luchado por tener ese espacio propio”

 

Mis otras yoes dice: “Débiles y vulnerables / fuimos todas las que he sido / confieso que estoy cansada / de todo lo que he sufrido”.

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