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El gigante bajito
EFEMÉRIDES
por Cornelio
7 de diciembre de 2020
El gigante bajito

 

Tal día como hoy pero en 1952, el escritor y dramaturgo español Enrique Jardiel Poncela falleció. En esta ocasión, viajamos en el tiempo a momentos antes del estallido de la Guerra Civil Española. «Usted tiene ojos de mujer fatal» o «Cuatro corazones con freno y marcha atrás» son algunas de las obras del renovador de la comedia y la narración humorística en la literatura de nuestro país.

 

 Es buena idea leerlo de rodillas, pero no porque uno de los personajes sea el Altísimo, sino como merecido homenaje al bajísimo Enrique Jardiel Poncela.

Jacinto Miquelarena estaba de corresponsal de ABC en Londres y avisó de su hallazgo “Noel Coward te ha plagiado Un marido de ida y vuelta. Dime qué hacemos”. Jardiel Poncela demoró un par de días la respuesta, el tiempo que le llevó dibujar todos y cada uno de los barcos de la flamante Marina inglesa; debajo puso los escasos navíos de la Armada española.Luego mandó el dibujo al corresponsal, junto con estas cinco palabras: «Qué quieres que hagamos, Jacinto” y en fin, otro motivo para odiar Inglaterra, aunque a él le bastaba el infierno que los puritanos habían hecho pasar a su admirado Oscar Wilde.

Acérrimo anglófobo

De lo inglés no quería ni la penicilina, y en cierta grave dolencia que padeció tuvieron que esperar a que quedara inconsciente para inyectársela.

«Si llego a estar despierto a mi no me dais esa porquería”, porque además de a los ingleses supo también odiar a los galenos: «el espiritismo se inventó para que los médicos pudieran hablar con sus pacientes”.

Un tipo se mide por la talla de sus enemigos, así que Jardiel era un gigante, y por si no bastara con la pérfida Albión y los discípulos de Hipócrates, le declaró también la guerra a las mujeres.

Aunque a ellas no les combatió por odio, sino por lo contrario, y claro, perdió todas las batallas: «El amor es un timo ¿por qué te extraña que te cueste dinero?” 

Era de derechas, pero mucho, (“el arte no existe sin un sentido de la aristocracia”) y eso no se lo perdonó nadie, ni la izquierda, que casi lo mata en una checa de Madrid, ni luego la derechona del incienso, que se escandalizaba con su vanguardismo y por su independencia.

Del Madrid rojo huyó haciéndose pasar por maestro, pero de la crítica, del plagio de su obra, de las mujeres y de las deudas, de eso ya no podría escapar nunca.Había nacido en la calle Augusto Figueroa y después de un paso por la institución libre de enseñanza terminó sus estudios en el colegio de San Antonio, el mismo edificio que luego serviría de cárcel para Muñoz Seca, y de donde solo lo sacaron para matarlo.No se puede decir que Jardiel le sucediera porque Jardiel a quien sucedía era a Oscar Wilde.

Guionista caído en el olvido

Tuvo cierto éxito en Hollywood, en todos los aspectos, «me he pasado la mitad del tiempo tumbado sobre la arena y mirando las estrellas, y la otra mitad…” la viceversa; sobre Nueva York tiene un poema perfecto; escribió novelas lo suficientemente buenas como para ser prohibidas en los dos bandos, y obras de teatro que han hecho reír a todo el mundo. Todavía hoy, si se leyese a fondo su obra, sería demasiado escandaloso; algunos de sus libros hoy se consideran un delito, y el feminismo y las ideologías dominantes lo despedazarían.

Se murió en la miseria, pero no solo. No era mala persona, y todavía le acompañaron muchos al cementerio, aunque en vida huyeron de sus sablazos.Fernando Fernán Gómez, a quien Jardiel había descubierto para la escena, le mandaba dinero discretamente, pero ya su naturaleza estaba maltratada.El mismo Fernán Gómez, en sus memorias, culpa de su deterioro a la visita a la checa de Medinaceli, y a los meses que pasó detenido en su domicilio, durante la guerra. Él mismo se había diagnosticado otra enfermedad: “Tengo los males físicos que originan los morales: es decir, todos; o sea, toditis aguda”.

Por una cosa o por otra, o por las dos, murió en su casa de la calle Infantas. Ya había escrito su epitafio, entonces se encargó de hacerlo verdad: «si queréis los mayores elogios, moríos”. 

Imprescindible para abrir boca su novela «La tournée De Dios».

 

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