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No se automedique sin consultar al especialista
por Enrique García-Máiquez
3 de febrero de 2021
No se automedique sin consultar al especialista

El meme de Penguin España no es malo, porque incitar a hablar de libros siempre es bueno. Pero no sé si en estos tiempos, mentar más pastillitas es una gran idea. Y luego cada una de las propuestas tiene una contraindicación, como pasa con las pastillas de verdad. Hay que tener cuidado con automedicarse. Convendría consultar a un especialista.

Yo, por si caso, iré una a una:

 

1) ¿Poder olvidar mis libros preferidos para leerlos otra vez? Ni hablar. Aquí estamos con  Borges y con que lo mejor de los libros es releerlos. La memoria aumenta el placer. El libro que para volver a disfrutarlo requiere de una amnesia previa, chungo. Somos incluso partidarios acérrimos del spoiler. Además, hay libros que no leeríamos ahora, pero que en nuestra memoria siguen alegrándonos o emocionándonos o iluminándonos. Por ejemplo, la trilogía de Los cipreses creen en DiosCuántos no disfrutaríamos ahora, pero cómo los disfrutamos cuando tocaron.

 

2) ¿Todos los libros gratis? Hay que reconocer el mérito a una editorial de pegarse un tiro en el pie de su modelo de negocio. Pero los libros son baratísimos hasta la total ruina del aficionado. El problema del lector es encontrar el tiempo: los libros son baratos, pero lentos. [Los cuadros son caros, pero rápidos.]

 

3) ¿Cenar con el autor? Mucho cuidado con eso, que los autores han dejado lo mejor suyo en sus libros, la crema; y luego, en persona, dan la impresión de la leche desnatada. No lo digo por experiencia propia, que yo remoloneo antes de quedar con mis escritores favoritos, sino por lo que veo en las caras de los lectores que me conocen.

 

4) La cuarto es la más humilde de las pastillas, y por eso mismo no vamos a caer nosotros (solidarios) en la trampa de desdeñarla. Natalia Ginzburg clavó este sentimiento tan curioso: el dinero ganado con la literatura es dulcísimo. Yo, a menudo, no gano eso por reseña, y no sólo tengo que leerme el libro, sino otros del autor o sobre el autor; y además escribir la crítica. Digamos que el pequeño complemento vitamínico de la pastilla 4 no debería echarse en saco roto.

 

5) Que el tiempo leyendo no corra, al revés, tiene dimensiones metafísicas que huelen a tentación diabólica en el jardín del Edén. La biblioteca sería la fuente de la eterna juventud y nos llevaría, por un plano inclinado, a un ambiente muy de retrato de Dorian GrayPara vencer la tentación, conviene recordar que, como con el vino, el tiempo es esencial. El lector madura lentamente mientras lee. Se lee en, entre, con y contra el tiempo. Lo otro nos lleva a la distopía de descargarte los libros en el disco duro del cerebro con un click.

 

6) ¿Cada libro me encantará? Otra tentación. Pero antes de precipitarnos habría que preguntar cómo me encantará. ¿Porque como un bobo todo me parecerá excelente? Dios me libre. ¿Porque sólo leeré lo excelente? Dios me libre también. Sin contraste, perdería el sabor del descubrimiento de lo que es realmente bueno. Por otro lado, qué pena perder esa misericordia de ir encontrando en los libros malos aquellas perlas ocultas que decía Plinio el Joven que decía Plinio el Viejo. Nicolás Gómez Dávila decía (cito de memoria) que el lector comme il faut, si hay algo malo en un libro bueno o algo bueno en un libro malo, lo encuentra.

 

7) ¿Una casa con una biblioteca gigante? Eso implica una casa grande, um. Si encima la bibliioteca viniese ordenada de serie, oh. Y si la uniésemos a la pastilla 4 para 1) poder pagar el IBI y 2)para  tener tiempo para leer y que la biblioteca inmensa sin leer no se convierta en un inmenso peso sobre mi conciencia (que eso pasa), entonces la pastilla 7 sería estupenda.

 

8) Leer en versión original cualquier libro. Qué maravilla, verdaderamente. Pero da algo de miedo. ¿No perderíamos intimidad con nuestra lengua materna? ¿Y ese género literario que es la traducción y que amamos tanto? ¿Y la cita de Steiner que dice que la solución a la maldición de Babel es el Pentecostés de la traducción? Prefiero Pentecostés a la pastillita.

 

9) ¿Soñar cada noche en lo que hemos leído? Qué pesadilla que se muerde la cosa. Que sueñen otros. Leemos para vivir.

 

O sea, que escojo la 4 y la 7, que son, además, las menos mágicas de todas. Con un poco de buena voluntad, la misma casa Penguin podría concedérmelas con una leve giro de muñeca del responsable de recursos humanos o de contabilidad. Por ahora, Leer por leer hace lo que está en su mano (y se le agradece).

 

 

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