Blogs

Más liado que leído
por Enrique García-Máiquez
27 de enero de 2021
Más liado que leído

El admirable Alonso Pinto, autor de Colectánea, me escribe: «Te puede interesar saber que, a pesar de tu vida ajetreada, tienes tiempo para salir en los sueños de los demás, concretamente en los míos. Esta noche soñé que estabas en mi casa (en casa de mi suegra) y te enseñaba mis libros. En especial, recuerdo que te enseñaba con cierta satisfacción los sermones completos de Massillon. Pero tenías prisa».

 

Más que interesarme, el hecho me entusiasmó. Tengo tan poco tiempo que lamento el que he de perder durmiendo. Pero ya nunca más, desde que sé que lo aprovecho para pagar visitas a los amigos. Además, me alegro infinitamente del quiebro de cintura que les hemos pegado Pinto y yo a los freudianos de estricta observancia. Porque ¿a ver dónde dicen ellos que el subconsciente de uno podría expresarse tan nítidamente a través de los sueños de otro, eh? Eso es más veterotestamentario.

 

En el sueño queda perfectamente reflejada  mi angustia por no leer todo lo que debería con tanta prisa como me lleva y me trae (también, por lo visto, mientras duermo). Que estuviésemos hablando, además de un autor religioso y señor obispo, de cuyos edificantes sermones yo no tenía la menor idea, no deja de ser otro sutil aldabonazo en mi conciencia. La interpretación del sueño no puede estar más clara y Alonso lo (me) expone sin piedad: «Te intento enseñar mi colección de Massillon, pero tú tienes mucha prisa y no alcanzó a hacerlo. Tenías tanta prisa que se acaba el sueño ahí. Sobre todo quería dejarte claro una curiosidad de la colección, de la que me enorgullecía como de un mérito: que el tomo anunciado en el lomo como siete es el uno, pero el anunciado como uno no es el siete, sino el dos, y así sucesivamente hasta llegar al seis, que es el siete.». Ese desorden bibliográfico también, ay, también habla de mí… (Y la esperanza de que a partir del tomo siete, uno entre en caja.)

 

El sueño sólo tiene una pequeña muesca, quizá como un guiño o un pellizco, para recordarme que en realidad no fui a ver a Alonso a su casa (que es la de su suegra), aunque lo parezca tanto. Es como la flor en el ojal del cuento de Wells, pero al revés. Está escondido aquí: «No recuerdo mucho del sueño. Estábamos aburridos y de repente te digo: «¿Quieres que te enseñe mis libros?» Y tú dices que sí y das un respingo». El respingo no es el pellizco, que pocas cosas son más auténticamente mías que mis respingos. Lo irreal es que yo estuviese aburrido, si no me aburro nunca; y menos estando con Alonso, además.

 

 

f
1942 Amsterdam Ave NY (212) 862-3680 chapterone@qodeinteractive.com
[contact-form-7 404 "No encontrado"]
Free shipping
for orders over 50%