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Dante, al sesgo
por Enrique García-Máiquez
26 de enero de 2021
Dante, al sesgo

El libro que más ilusión me hace escribir —y llevo la mitad— se titulará La gracia de Cristo, y tratará sobre el sentido del humor de Jesús, tal y como se ve desternillantemente entrelíneas de los evangelios. Hay precedentes que están bastante bien, hay que reconocerlo, además de unos artículos que escribió Juan Manuel de Prada, que, si me armo de valor, le pediré de prólogo.

 

Mi precedente favorita es protestante, pero con un apellido de autor precioso:

 

 

Con todo, hay un peligro muy humano. Consiste en achacar al humor todo aquello que uno no entiende. El que esté libre de ese pecado que tire la primera piedra. ¿Quién no se ha reído cuando no entendía del todo a su interlocutor, al modo de los chinos? Pero es un truco que no tiene ninguna gracia. Trueblood lo usa, ay, para explicarse la parábola del administrador infiel, que confiesa que se le escapa, y que achaca entonces a una gran broma del Señor, en plan nonsense.  Miguel d’Ors, en sus recientes Penúltimas virutas de taller,  reconoce que tampoco lo entiende, pero, con más honestidad, no recurre al comodín de un supuesto sentido del humor. Yo creo que Jesús está hablando de nuevo de la cizaña y el trigo, de la complejidad de la vida política, donde los orígenes (véase Girard) son siempre bastante oscuros, y de ahí puede salir (con santidad y remedio de los medios) un bien mayor al final. Con gracia (esta vez sí) lo dice Logan Pearsall Smith: «Hay un sapo en todo plato social, por muy bien cocinado que esté».

 

Dante, en el canto XXII del Inferno, como quien no quiere la cosa, reflexiona sobre ese episodio evangélico con bastante osadía. Pone en el lago de pez hirviendo a un trasunto casi perfecto del administrador infiel (Lc. 16, 1-13). A alguien tan atento a los ecos y las referencias como el florentino es imposible que se le escapase la analogía. Véase en traducción de Micó:

 

… «Fue fray Gomita, el de Gallura,

 

recipiente de todos los engaños:

liberó a los rivales de su amo

y los trató tan bien que aún lo alaban.

 

Cogió el dinero y los soltó sin cargos.

Lo cuenta él mismo: en todos sus oficio

fue el soberano de los barateros».

 

No sé si Dante dio a la parábola la misma interpretación que he apuntado yo, pero está claro que una broma no le parecía, en absoluto, la parábola de Jesús.

 

 

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